El extraño poder del enfermo mental

Sí, amigos, ese asombroso poder existe; esa energía que parece divina, esa clarividencia prodigiosa, esa lucidez máxima y asombrosa, es algo cierto y constatado por hechos de nuestros antepasados dementes a lo largo de la historia.

Sí, ese poder existe, aunque tal vez tú no elegiste tenerlo…

Por supuesto, tú no elegiste ser así… ¡quién iba a hacerlo!; pero el caso es que lo eres… por un capricho del destino, porque te pinchaste con la rueca cuando tenías 15 años y ahora vives un sueño que es una pesadilla, porque te hechizaron y nadie puede romper el hechizo, o simplemente por una funesta combinación genética que dio a luz un monstruo, el caso es que te tocó a ti ser como eres, y que de ti depende sobrellevar tu existencia de mejor o peor forma; hacer de tu vida algo miserable o algo sorprendente.

(No lo olvides, yo soy como tú, o parecido a ti, y no hablo por hablar. Yo no soy psicólogo. Yo soy artista)

Ahora vienen las malas noticias:

Controlar este poder que a veces se te desborda y reconducirlo siempre hacia algo positivo y provechoso no es tarea sencilla; dicho sin tapujos, no es posible. De lo contrario, no seríamos considerados como enfermos, y nuestro discurrir por el mundo sería lúcido y placentero, casi un juego de niños en el que nada malo podría sobrevenirnos.

No es el caso, ¿cierto? Somos seres volubles e inconstantes, inseguros e inestables, viajeros incesantes a lomos de una frenética montaña rusa que no hay quien detenga. No es fácil, no, convivir con uno mismo cuando el extraño poder se revuelve en tu ser y te muestra su peor cara. Entonces todo se tuerce, todo se nubla… y tú lo sientes, sientes que equivocas el camino, que sendereas por andurriales sinuosos y oscuros, que te precipitas sin remedio hacia un agujero negro de impotencia y despecho incluso aunque seas consciente de que todo es un engaño, una nueva trampa, un nuevo hechizo de tu enfermedad que tú no elegiste tener, pero que sufres, que pagas por un mal que no cometiste. Tus obsesiones entonces se descentran, el equilibrio se pierde, la nave zozobra; cualquier contrariedad, por nimia que ésta sea (un gesto enigmático, una mirada mal interpretada, un comentario tomado como afrenta…), cualquier nimiedad, digo, es capaz de desmoronar tu entereza y quebrantar tus buenos propósitos que tanto te costaron emprender.

Esa obsesión mal conducida, mal canalizada, es ahora energía negativa que sufrirás tú y cuantos te rodean, y constituirá un peligro máximo si deriva en brote

A Dios implora por que así no ocurra, pues si bien el potencial de un demente sabiamente conducido es capaz de crear armonía y belleza, lo contrario genera el caos… Tú bien lo sabes, porque conoces las dos caras de tu personalidad enfermiza, las dos caras de Géminis, emblema del maníaco depresivo.

Géminis

Pasada la histeria, la tempestad se diluye y sólo queda un viento sobrecogedor y enigmático que te insufla el más vivo desamparo en el ánimo, el cual termina por resolverse en una insondable depresión que te abate la voluntad y las ganas y que te ubica en un páramo de soledad y tristeza donde te compadeces de tu propia miseria.

Es en esos momentos de desolación y amargura cuando te sientes Bestia, no importa que realmente seas un apuesto príncipe, que seas consciente de tu lucidez y de tu valía, de tu intuición prodigiosa y de tu encanto irresistible; te sientes Bestia y no deseas que nadie te vea así, ni tan siquiera tu propio reflejo en el estanque, al cual apartas tu mirada y te ensimismas, seducido una vez más por la siniestra melodía que te arrastra a tu isla desierta, rodeada de mar, y tú no sabes nadar…

Atrapado en ese pozo de desolación y desdicha, sientes de nuevo el pinchazo de la rueca sufrido en la adolescencia por el cual el tiempo se ha detenido para ti en una pesadilla de la que crees que no despertarás, y sólo ansías que la muerte te saque pronto de allí…

…así al menos hasta que vuelvas a sentir el estro poético invadirte de nuevo, si es que tuviste la suerte de hallar tu camino en la vida al cual regresar de nuevo… tu camino de salvación, tu faro en la tiniebla.

Y todo por culpa de una estúpida obsesión mal reconducida hacia un pensamiento negativo.

No obstante, tratar de evitar esto sería tratar de evitar lo inevitable, porque sabes que tu personalidad está erigida sobre suelo fangoso, que los cimientos de tu ser son endebles, que están corroídos por el hechizo maníaco depresivo, y que así es sólo cuestión de tiempo que todo se desmorone de nuevo, que el castillo se desplome, que el rey se degrade a bufón…

Y no existe cura ni remedio que controle ese asombroso poder que tú tienes, que tú no elegiste, pero que sufres cada día, que se desborda de tu ser…

¿O sí…?

¡No os perdáis la próxima entrada!:

Depresión y fármacos.

¿Serán los barbitúricos la solución a mis problemas?

Anuncios

Reflexiones

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s