El loco y su misión

Cualquier externo (externo a la enfermedad, me refiero) que me lea pensará sin duda que la solución al problema es mucho más simple de la que yo trato de exponer aquí, que el equilibrio de nuestra alma agitada lo podríamos encontrar si canalizásemos nuestro mal en una actividad relajante, distendida, en vez de convertir dicha actividad en una nueva obsesión, en una misión o compromiso con el mundo.

Es cierto, sería tal vez lo ideal, poder canalizar nuestra ansiedad de tal forma y tomarnos las cosas con más calma para conseguir un equilibrio en nuestra vida entre lo malo y lo bueno, entregarse a cada actividad en su justa medida y vivir cada instante sin exageraciones ni sobresaltos, con moderación; y si acaso algún sobresalto nos sobreviene, lidiarlo con madurez y sensatez.

Ésta sería no obstante la visión de una mente sana de lo que significa una vida normal, pues si nos fuera dable recibir los azares de la vida con dicha calma, no seríamos entonces considerados enfermos.

Hay además cuestiones que a este espectador convencional se le pasan por alto y que nunca podrá comprender; cuestiones que justifican nuestro modo de actuar, y que si reconociese, tal vez desistiría de juzgarnos como seres enfermos:

1) El espectador externo a la enfermedad no es consciente de nuestro potencial (potencial que existe, que es cierto, constatado por hechos de nuestros antepasados dementes). No es consciente y nunca podrá serlo, de que la fase maníaca rompe cualquier norma, cualquier barrera que pueda trabar el pensamiento, y que nuestras posibilidades son amplísimas. De ahí que algunos de nosotros (los que hemos hallado nuestro camino) sintamos un compromiso, un deber por el talento que nos ha sido concedido y que no podemos desaprovechar- una misión por la que vivir y luchar. Estudios científicos sostienen que sólo sacamos provecho a una parte muy pequeña de nuestro cerebro, pues bien, entiéndase la fase maníaca como un chispazo en la mente que activa el 100% de las neuronas.

neuronal2

2)El espectador externo a la enfermedad jamás podrá imaginar el arrebato de pasión que constantemente nos agita y que nos hace vivir la vida con mayor intensidad que al resto, impidiéndonos recibir los estímulos del mundo en su justa medida. En eso consiste esta enfermedad, en sufrir las acometidas de un desenfreno desaforado o de un abatimiento sin límite, dos fuerzas antagónicas que pugnan por salir a flote, que lidian en una única palestra: nuestra alma. No puede pues existir término medio en nosotros; y ya que viviremos así el resto de nuestros días, mejor es que salga a flote la parte creativa, útil y productiva; y que sobre tales virtudes se forje nuestra misión, nuestro compromiso

Lo sé, somos gente de extremos; no sabemos, no podemos ser vulgares…

…Y así y todo, entiendo al espectador convencional cuando opina que posiblemente nos iría mejor si fuésemos capaces de tomarnos las cosas más a la ligera y no como un reto. Pero llega un momento en la vida del artista en que sobrepasa el punto de no retorno y ya no hay marcha atrás…

Coronado Bufón

Anuncios

Reflexiones

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s