Alcohol y enfermedad mental: Una mezcla nefasta.

Tabern

Lo entiendo, cuando las cosas se tuercen, cuando la senda se hace boscosa y pierdes la esperanza, la promesa de gozar de al menos una noche de fingida alegría te empuja a vagar de taberna en taberna para ahogar tu aflicción en vasos y vasos de alcohol, confiando que el efluvio etílico te haga olvidar quién eres al menos durante unas horas, hasta tu próximo despertar.

Pero tus penas son tantas, que a veces ni litros de licor son suficientes más que para dejarte un regusto más amargo del que traías y más amargo será tu despertar.

Volver a abrir los ojos, aturdido, semiinconsciente, sediento de cariño tras la noche de desenfreno ilusoria y reencontrarse con tu deprimente realidad, debe ser sin duda el más cruel de los martirios que puedan castigar a un alma ya de por sí atormentada.

El día de resaca se vuelve entonces interminable; las horas no pasan. Esa misma marea es la que te arrastra hacia una desesperación cada vez mayor, hacia otro laberinto de angustia y agonía, anochecer eterno de la mente, y el día se hace eterno, y la soledad y zozobra más abrumadoras que nunca.

Sucumbir a la felicidad engañosa del alcohol, y peor aún, a la de las drogas, es la mayor de las locuras que puede cometer una mente excitable, una mente frágil, una mente perturbada por el exceso de pasión. Así como la mayor temeridad, pues temerario es arriesgar la brillantez de su mente privilegiada a cambio de un sorbo de felicidad ficticia.

Lo sé, lo conozco. Te comprendo, (a ti que pasaste por ello y que aún sientes el embrujo del aroma del vermouth). Y comprendo que esa misma mente a la que admiras, en ocasiones te juegue malas pasadas y necesites prontas soluciones, un respiro a tu agonía.

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Sé paciente, que la luz volverá a brillar entre las sombras y volverá a serte iluminado el camino, aquél donde supiste volcar tus obsesiones que tanto te atormentan.

Y si no lo hallaste aún, no pierdas tu tiempo y ponte cuanto antes a caminar, aunque en tu ruta te encuentres con empinadas montañas y con áridos desiertos.

Recuerda que tienes una misión que sólo tú puedes cumplir. Que es ésa la meta del enfermo mental: hallar tu camino en la vida para transformar tu obsesión en materia provechosa.

Coronado Bufón

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