Sobre literatura y gente

quijote

Aprovechando que acabo de publicar mi primera novela, dedico este post al mundo de los libros y a mi experiencia literaria. Mucha lástima me causa entender no ya lo difícil que resulta para un escritor inédito ser publicado por una editorial, sino comprobar que lo que prima a menudo en el mercado actual es una literatura de lectura fácil, rápida, por encima de la calidad del producto.

Palabras de editores: “Es la demanda…” “El momento del lector no es bueno (culturalmente hablando)”

Supongo que es parte del ritmo de vida frenético de las personas de hoy en día, sociedad práctica y materialista cuyo primordial objetivo es cumplir por la vía rápida sus metas antes que atender al conocimiento que se ha podido adquirir en el transcurso y que ha podido enriquecer su espíritu. Sociedad aquejada de una ataque de superficialidad extrema que parece menospreciar la esencia de las cosas y guiarse meramente por su apariencia externa.

Una sociedad que no ahonda en la esencia es una sociedad conformista, fofa; una sociedad que no se cuestiona las cosas, que yerra en sus juicios, que acepta lo que le dan sin oposición.

Una sociedad gregaria, en fin, en la que sus individuos siguen allá donde va la masa, y en la que el que se atreve a pensar por sí mismo y no se deja arrastrar por la resaca que anega a la mayoría queda aislado y apartado del resto.

Así es como, paulatinamente, los individuos han ido haciéndose esclavos de modas pasajeras, forzados a compartir gustos idénticos, o al menos a consumir idénticos productos de forma masificada. Contagiados de la fiebre consumista, muchos parecen incapaces de comprender que las modas son efímeras, y que al hacerte esclavo de una de ellas, entregas a cambio tu pensamiento, tu voluntad, tu libertad. Cuando en cambio hay valores que son eternos, que por más que pasen los años, seguirán siendo la base para forjar personas de mérito.

Valores sobre los que cimentar una personalidad. Valores con los que el hombre se hace hombre, con los que se fragua una personalidad de la que sentirse orgulloso cuando, al término de tus días, eches la mirada atrás y compruebes lo profundas que fueron tus huellas en este mundo. Ése, tú que te atreviste a descender de la noria en la que giran todos al unísono, es tu gran tesoro. Aunque tu cuerpo muera en la pobreza, tu espíritu será rico. Ése es un tesoro que nadie te podrá robar. Quizá porque nadie lo valore. Quizá porque su valor no pueda ser calculado en metálico.

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Miguel S. Coronado

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