EL PREMIO (relato dialogado)

el premio

(En casa, ELY ordena su dormitorio con evidentes síntomas de malhumor en compañía de su amiga MAXI. Su marido JUAN entra después)

JUAN: ¿Qué es lo que ha ocurrido, Ely? Me he encontrado con la Remy y me ha preguntado que qué te pasa, que por qué te has ido sin despedirte después de recoger a Guille de la escuela…

ELY: ¡Nada! No ha ocurrido nada.

MAXI: Ocurre que Rodri, el hijo de la Remy, ha ganado el concurso de piano y tu mujer está que se muere de la envidia.

ELY: ¡Cállate! Eso no es cierto…

JUAN: Pero, Ely. ¿Y qué si su hijo toca mejor el piano que el nuestro? Guille hará mejor otras cosas, digo yo…

ELY: ¡Eso es mentira! El hijo de la Remy ha hecho trampas, así que deja ya de defenderle.

JUAN: ¿Te vas a poner así por un simple concurso escolar y poner en riesgo tu amistad con Remy porque su hijo haya ganado y el tuyo no?

ELY: ¡Mi hijo es también el tuyo, Juan! Y te digo que Guille toca mejor el piano que cualquiera de los niños del pueblo. Y si no vas a defenderle ya puedes irte a tomar viento porque para mí es como si no existieras, aunque seas el alcalde.

(desde el dormitorio se escucha a Guille aporrear el piano)

JUAN: Ely, una cosa es defender a nuestro hijo y otra ponerse una venda en los ojos. ¿No ves que te engañas a ti misma?

ELY: Juan, querido: Que sepas que al hijo de la Remy lo mandaron a estudiar a un conservatorio en Madrid y que partía con ventaja. No debería haber participado en el concurso…

MAXI: ¿Qué dices, Ely?

ELY: Como lo oyes, Maxi.

MAXI: Aaah… ¡Así cualquiera! Ya decía yo que tenía que haber trampa por algún lado, porque esa familia de oído musical, nada de nada…

ELY: ¿Qué oído musical ni qué leches, si la única música que han oído en su vida son las esquilas de sus becerros?

MAXI: Pues eso digo yo…

ELY: Tendría que devolver el premio si tuviese algo de dignidad.

(Maxi sale de casa de Remy y expande el rumor entre un grupo de conocidas, reunidas en la plaza del pueblo: El hijo de Remy ha hecho trampas en el concurso!

Casualmente, REMY cruza ante las mujeres de la mano de RODRI, su hijo de 9 años, quien luce orgulloso su merecido premio)

REMY: Saludos, mujeres. ¿Qué tal andamos?

(las mujeres la miran, pero ninguna le responde)

REMY: ¿Qué ocurre que estáis tan serias?

MUJERES: Dicen por ahí que tu hijo hizo trampas en el concurso; que le habéis pagado clases en el conservatorio de Madrid y que partía con ventaja; que no tenía que haber participado en el concurso de la escuela.

REMY:¿Quién os ha dicho esa mentira tan grande, si puede saberse? Fuimos un día a hacer una prueba a Madrid, pero aún no le han seleccionado.

MUJERES: Lo tenías que haber dicho, Remy. No ha sido justo con nuestros hijos.

REMY: ¡Os estoy diciendo que lo que os han dicho no es cierto!

MUJERES: Acabas de admitir que lo llevaste a Madrid.

REMY: ¡Pero sólo a hacer una prueba! ¿Estáis sordas o no queréis oír?

MUJERES: Pues lo que se dice por ahí es que tu hijo se estuvo en la capital al menos un mes.

REMY: ¿Quién dice eso? ¡Eso no es cierto! Estuvo tres semanas en verano, sí, pero visitando a su tía… ¡Si ya lo sabéis todas!

MUJERES: Pues su tía la llevaría al conservatorio…

REMY: Te digo que eso no es cierto.

MUJERES: Pues no es lo que dice la Ely…

REMY: Aaah… Conque ha sido ella, ¿verdad? ¿Y qué más dice la Ely, si puede saberse?

MUJERES: Dice que si tuvieses dignidad harías devolver el premio a tu hijo.

REMY: Eso dice, ¿eh? Pues que sepáis que la Ely es una envidiosa que no puede aguantarse los celos, y que mi hijo no devolverá el premio por mucho que se enfurruñe. Vámonos, Rodri, tú no hagas caso, que bien merecido tienes tu premio.

(las mujeres murmuran en tanto Remy se aleja)

MUJERES: Yo creo que ésa miente… Mirad a su hijo, si ha salido igual de zoquete que el padre.

(Por la noche, Remy y su marido ANTONIO cenan en su casa. El pequeño Rodri ensaya en su teclado de manera magistral)

ANTONIO: ¿A qué vienen esos malos humos, Remy? ¿Ha pasado algo?

REMY: Nada, que dicen las demás madres que el niño hizo trampas en el concurso… ¡Lo que hay que oír!

ANTONIO: Que hablen lo que quieran…

REMY: ¡No, que hablen lo que quieran no, Antonio! Hay que defender a nuestro hijo.

ANTONIO: ¿Y qué quieres que le haga yo?

REMY: No lo sé, algo. Nunca haces nada por Rodri, Antonio. Te pasas el día en el bar o viendo el fútbol.

ANTONIO: Eso no es cierto…

REMY: ¡Sí que es cierto!

ANTONIO: Bueno, ¿y qué? Yo no puedo evitar que las demás murmuren. ¿Qué hago? ¿Les corto la lengua a todas?

REMY: Pues no estaría mal…

ANTONIO: Ya, pues eso no se puede hacer.

REMY: Lo único que te pido es que defiendas a tu hijo y apagues la televisión de una vez.

(Antonio apaga el aparato)

ANTONIO: Mira, querida esposa, te olvidas de que la Ely es la mujer del alcalde.

REMY: ¿Y eso qué más da?

ANTONIO: Que mejor vamos a llevarnos bien, por lo que pueda pasar…

REMY: ¡Será posible el marido cobardica que tengo!

(Rodri deja de tocar el piano y observa a sus padres discutir)

ANTONIO: Pero, Remy, si no se trata más que de un concurso escolar…

REMY: ¡Eso no es cierto, Antonio! ¡Se trata de que están calumniando a tu hijo! ¡A ver si te enteras de una vez!

ANTONIO: Qué vanidosa eres, mujer. Lo único que te interesa a ti es que adulen a Rodri para que todos digan que es hijo tuyo.

REMY: ¿Vanidosa? ¿Vanidosa yo? Pero, ¿qué dices, Antonio?

ANTONIO: Lo que oyes.

REMY: ¡Ay, Dios! ¡No me puedo creer que seas tan cafre!

ANTONIO: Remy…

REMY: ¡Déjame, no me toques! ¡No me toques desgraciao! ¡Te odio, te odio!

(Remy marcha entre sollozos a su habitación. Rodri retoma magistralmente su afición. Antonio enciende de nuevo la televisión)

(Al día siguiente, en la escuela del pueblo, sus compañeros de clase hacen el vacío a Rodri. A la salida, su madre le ve salir triste y sin compañía)

REMY: ¿Y tus amigos? ¿Dónde están?

RODRI: No quieren jugar conmigo.

REMY: ¿Por qué no, hijo?

RODRI: Dicen que soy un tramposo y un mentiroso.

REMY: ¿Quién lo dice?

RODRI: Todos en la escuela. Me dan de lado y en los recreos me quedo solo.

REMY: Ahora mismo vamos a hablar con el director.

RODRI: ¡No, mamá! Me acusarán de chivato.

REMY: ¡Me da igual! Ya está bien, hombre, de tanta estupidez y tanta calumnia. Ahora mismo vamos a contárselo todo a tu director.

(momentos más tarde, en el rectorado de la escuela…)

DIRECTOR: Lo siento, pero no puedo mediar en el asunto.

REMY: ¿Cómo que no puede? Usted es el director…

DIRECTOR: Ya, Remy, pero yo no puedo controlar que le hablen o dejen de hablar a su hijo. Son cosas de críos, ya lo sabe…

REMY: Sí, son cosas de críos. Y los críos pueden ser a veces muy crueles, y es entonces cuando usted debe intervenir.

DIRECTOR: Pueden serlo, sí, pero si no hay maltrato físico es muy difícil que yo pueda hacer algo.

REMY: ¿Y qué pasa con el maltrato psicológico? ¿Acaso no existe? ¡No me diga que tendré que cambiar al niño de escuela si esto va a peor!

DIRECTOR: Mire, Remy, sinceramente creo que lo más sensato que puede hacer es que su hijo devuelva el premio y se acaben las murmuraciones.

REMY: Pero le digo que no hizo trampas ¡Que es todo una calumnia!

DIRECTOR: Yo lo sé, usted lo sabe y Rodri lo sabe. Eso le tiene que bastar. En su conciencia usted sabrá que Rodri es el verdadero vencedor. Hágame caso, Remy, pueden hacerle mucho daño a usted y a su hijo.

REMY: ¿Pero de verdad que no puede hacer nada por solucionarlo y hacer que haya justicia?

DIRECTOR: Aquí en la escuela ya tratamos de educar a las futuras generaciones para que no caigan en manos de la envidia ni el rencor, ni se dejen dominar por pasiones tan bajas; de formar personas inteligentes que aprendan a defender la verdad y darle la espalda a la hipocresía. ¿Le parece poco lo que hacemos?

REMY: ¿Y mientras tanto mi hijo qué? ¿Se tendrá que aguantar y ser esclavo del antojo de los demás?

DIRECTOR: Yo le he dicho lo que pienso que es mejor para su hijo; usted es libre de hacer lo que quiera.

REMY: Pero es a todas luces injusto…

DIRECTOR: Nadie dice que no lo sea; pero si se opone estará usted luchando contra molinos de viento, Remy.

(Visiblemente malhumorada, la mujer se pone en pie y se despide)

REMY: Está bien, señor director, ya veremos lo que hacemos Rodri y yo. Vámonos, hijo, que me parece que tenemos al mundo en nuestra contra.

(Al día siguiente tiene lugar la fiesta de cumpleaños de GUILLE, el hijo de Ely. Rodri no está invitado. Su madre Remy, de la mano de su pequeño, acude a hablar con su antigua amiga, quien sin abrirle la puerta le habla desde su patio, donde se celebra el festejo)

REMY: ¿Qué pasa, Ely? ¿Que mi hijo no está invitado a la fiesta de tu niño?

ELY: No lo está, no.

REMY: ¿Y por qué no, si puede saberse? ¿Es que han dejado de ser amigos de repente?

ELY: Porque a mí me da la gana. ¿Te vale con eso, o quieres más razones?

REMY: Si serás celosa, mala pécora… ¿Hasta cuándo vais a seguir martirizando a mi hijo? No le podéis hacer esto, no es más que un crío.

ELY: Tu hijo estará invitado a la fiesta cuando traiga su regalo.

REMY: ¿Qué regalo?

ELY: Ya sabes muy bien a cuál me refiero…

(Ely mira con codicia el premio del concurso, del que Rodri no se ha separado ni un momento.

Las lágrimas se deslizan por las mejillas de Remy, quien se arrodilla para que su mirada quede a la altura de la de su hijo)

REMY: Rodri, tú sabes que eres lo que más quiero del mundo y que te mereces este premio como ningún otro, ¿verdad?

RODRI: Sí, mamá.

REMY: Ve a dárselo a Guille, anda.

RODRI: Pero…

REMY: Ve a dárselo, Rodri.

RODRI: Sí, mamá.

(Rodri entrega su merecido premio a Guille, quien lo recibe con patente alegría. Con él en sus brazos corre a reunirse junto al resto de invitados)

ELY: Bueno, Remy, me alegro de que al final hayas entrado en razón. ¿Ves como no era para tanto?

(Remy se enjuga las lágrimas, pero es incapaz de expresar palabra alguna)

ELY: Pasa, pasa a tomar algo, hombre, no te quedes ahí parada. Rodri y tú estáis invitados a la fiesta.

R: No, gracias. Rodri y yo mejor nos vamos.

E: Como quieras… Aquí estaremos para lo que haga falta, Remy. Tú ya lo sabes.

R: Vámonos, Rodri.

E: Para lo que haga falta, amiga…

(Remy coge de la mano a su hijo y juntos se alejan calle abajo. Mientras caminan, a oídos suyos llegan los rumores del festejo…)

ELY: ¡Ole, mi niño! ¡Ole, mi tesoro, mi rey! ¿Quién es el niño que mejor toca el piano del pueblo?

INVITADOS: ¡Guilleee!

(a continuación, los reunidos cantan)

Porque es un chico excelente,

porque es un chico excelente,

porque es un niño excelenteeeee

y siempre lo seráaaaa

¡Hurra por Guille!

¡Hip, hip, hurra!

¡Hip, hip, hurra!

¡Hip, hip, hurra!

(Remy continúa su camino sin mirar atrás. Por sus mejillas vuelven a discurrir abundantes y amargas lágrimas que esta vez no se preocupa de enjugar)

FIN

 el premio

Anuncios

Reflexiones

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s