Dibujitos del domingo 12

 

Bailarines y cisnes
Óleo sobre lienzo
100x73cm
 

“Y, sí, no hay droga más potente que mi imaginación…”

 

 

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El artista y la belleza

ballete

 

Ayer la vi y la seguí por la avenida.
Ayer la viste, sí, a la bella bailarina,
y seguiste sus pasos hasta el odeón,
y la viste danzar con obsesión
a la bella bailarina.

La vi danzar, sí,
y remontarse y deslizarse como una ola ingobernable…
Y en cuanto llegué a casa
intenté bosquejarla hasta agotarme
y rescatar sus bellas formas,
su elegancia incuestionable,
del papel indomable.

Lo intentaste, sí,
rescatar sus bellas formas
su pureza incuestionable,
del papel indomable…
Pero todos tus esfuerzos fueron en balde,
y todos los bocetos que de ella ensayaste
de ti se burlaron hasta que abandonaste.

De mí se burlaron, sí,
de mi ambición desmedida,
de mi insano afán por conseguirla.
Y desde la cima de sus aires,
desde sus piruetas de ninfa,
me contempló sin antipatía
como al engreído mortal
que deseó seducirla.

Que deseó seducirla, sí,
y que no hizo más que tiznar
a la bella bailarina
con su impericia desmedida
y habilidad poco finas.

La belleza es una bailarina, sí,
que salta y se desliza sobre el escenario,
que se evade y se aparta de mi lado,
y que jamás yacerá a mi costado,
ni se dejará tocar
por mis sucias manos,
por más que trate de estrecharla
entre mis torpes brazos.

Adiós, bailarina, adiós,
este humilde mortal ha desesperado,
de permanecer en tu regazo
y gozar de tu dulce abrazo.

La belleza es una bailarina,
que me rehúye y me da de lado.
Y yo un pobre ser humano
que siempre queda malparado,
y que se lamenta derrotado
de no haberte nunca conquistado.

Miguel Rey

ballete

Extraños en un tren

Rebecca Winters

EXTRAÑOS EN UN TREN

Noche. En el vagón restaurante de un tren, un apuesto cuarentón se acerca hasta una mesa donde cena a solas una atractiva mujer de parecida edad.

—¿Me permite que me siente a su lado? –habla el galán—. Las demás mesas están ocupadas y no queda un sitio libre.

—Claro, ¿cómo no? –responde la mujer—. Tome asiento, por favor. Comeremos y conversaremos; conversaremos y nos conoceremos.

—Gracias, es usted muy amable. Me llamo Walters, Raúl Walters.

—Y yo Winters, Rebecca Winters.

—Un verdadero placer, Rebecca Winters.

El hombre encarga que traigan champagne.

—Dígame, señor Walters, ¿va a pagarme la cena?

—¿Es el precio por su compañía?

—No; simplemente no me apetece sacar el monedero del bolso.

—Está bien, pagaré. Es lo menos que puedo hacer por una mujer como usted.

—¿Una mujer como yo?

—Atractiva, elegante, seductora…

—¿Seductora? Vaya… ¿Y cómo sabe que soy seductora?

—La he estado observando desde que la vi caminar por el andén. Los hombres no la quitaban ojo de encima. Sigue leyendo

Diario de un loco: ¡Apoteosis final!

ballete

¡Desatado, sí!

Desatado de mi conciencia,

libre de hacer cuanto quisiera,

partí a por ella,

a por la bailarina Valeria,

quien a aquellas horas debía ejecutar su danza aérea,

ligera, etérea…

entre las aclamaciones de su público entregado,

¡Aprovecha, aprovecha,

Valeria!

Que éstos serán los últimos aplausos que reciba

tu talento desmesurado.

¡Aprovecha, Valeria,

aprovecha!

Que la música para ti se acaba

y tu cajita ya se cierra. Sigue leyendo

Diario de un loco: Día 15

Valeria

Ayer la viste caminar, a la bella bailarina,

y seguiste sus pasos por la avenida

hasta el odeón,

preso de tu obsesión…

Ayer la vi y seguí sus pasos hasta el odeón, sí,

es mi obsesión…

Y la vi danzar y deslizarse,

entre notas musicales,

envuelta en su traje de plumas blancas

sobre un escenario ceñido de sombras.

La niña no es una niña…

La niña es una bailarina… Sigue leyendo

Diario de un loco: Día 14

Calavera

Partiste, sí,

Partí, sí…

Por el bien suyo y el de ella,

partí lejos de Romelia…

¿De qué hubiese servido

quedarme por más tiempo junto a ella?

¿De qué te hubiese servido, sí,

quedarte por más tiempo en la granja

sin tu hermana del alma? Sigue leyendo

La plantita (relato breve dialogado)

la plantita

(marido y mujer cuidan de su jardín)

-¡Mira, Manuel! ¿Lo ves?

-¿Qué pasa?

-¿Ves ese brote que asoma entre la hierba?

-¿Qué es eso?

-No lo sé, pero es hermoso.

-¿Tú crees?

-¡Claro! ¿No ves cómo se intuyen los bellos colores de sus hojas y con qué brío pugna por descollar entre las briznas?

-A mí no me da buena espina. Seguro que es un hierbajo, arráncalo.

-¿Qué va a ser un hierbajo? ¡Tú sí que eres un hierbajo, Manuel!

-Arráncalo te digo, Mercedes. Podría infestar nuestro jardín.

-Y yo te digo que es hermoso.

-Pues si no se parece al resto, tendrá que ser una mala hierba, digo yo.

-¡Tu cabeza sí que está mala, mala de prejuicios! Sigue leyendo