No tan extraños en un tren

Rebecca Winters

(Escena en el vagón restaurante de un tren. Noche)
Un apuesto cuarentón se acerca a una mesa donde cena a solas una atractiva mujer de parecida edad)

-¿Me permite que me siente a su lado? Las demás mesas están ocupadas y no queda sitio libre.
-Claro, ¿cómo no? Tome asiento, por favor. Comeremos y conversaremos; conversaremos y nos conoceremos.
-Gracias, es usted muy amable. Poco hay que conocer de mí…
-Empiece por decirme cómo se llama.
-Es un buen comienzo… Me llamo Walters, Raúl Walters.
-Soy Winters, Rebecca Winters.
-Un verdadero placer, Rebecca Winters.
-El placer es mío. Dígame, señor Walters, ¿va a pagarme la cena?
-¿Es el precio por cenar en su compañía?
-No, simplemente no me apetece sacar el monedero del bolso.
-Está bien, pagaré. Es lo menos que puedo hacer por una mujer como usted.
-¿Una mujer como yo?
-Hermosa, elegante, seductora…
-¿Seductora? ¿Y cómo sabe que soy seductora?
-La he estado observando desde que la vi atravesar el andén. Los hombres no la quitaban ojo de encima.
-¿Usted también subió en Gante?
-Así es… Dígame, ¿viaja siempre en primera?
-Siempre que el dinero me lo permita.
-¿Hacia dónde se dirige?
-A Bruselas; aún faltan tres estaciones.
-¿Allí vive usted?
-Así es….
-¿Viaja sola, señorita Winters?
-Sí; pero me esperan en la estación.
-¿Quién la espera?
-¿Acaso le interesa? ¿Por qué?
-No lo sé… ¿Por qué nos interesamos en personas que ni siquiera conocemos?
-No lo sé; dígamelo usted.
-Supongo que porque vemos algo en ellas que nos atrae, que nos atrapa.
-¿Qué le llamó la atención de mí?
-Su melena rubia, sin duda. Su melena rubia y su mirada de mujer fatal…
-¿Mi melena rubia? ¡Vaya! Pues procuraré no teñírmela ni cortármela nunca.
-¿Por qué no? ¿Desea usted agradar a los hombres?
-¿Qué mujer no lo desearía?
-¿No me dijo que la esperaba alguien en la estación?
-No le dije quién era ese alguien.
-Ya sabemos que se trata de su marido, no trate de disimularlo.
-¿Cómo está tan seguro?
-Su anillo de compromiso la delata.
-Qué agudo es usted. ¿Es pariente de Sherlock Holmes?
-Digamos que soy muy observador.
-¿Observador?
-Sí, del género humano.
-Hábleme de usted. ¿A qué se dedica?
-Soy escritor.
-¡Vaya! ¿Y qué se trae entre manos en estos momentos?
-Me hallo inmerso en una trama de desengaño amoroso.
-¿Él o ella es el infiel?
-No hay infidelidad por ninguna parte.
-¿Ah, no?
-No. Simplemente ella descubre que su marido no es quien pensaba.
-¿Y quién es en realidad?
-Un ser insulso y monótono, con aspiraciones tan escasas como su salario, que le condena la existencia y sus deseos de nadar en la opulencia.
-Interesante… ¿Y qué ocurre después?
-Que conoce a un hombre interesante y se debate entre abandonar o no a su marido.
-¿Abandonarle? ¿Está seguro?
-Eso he dicho.
-¿Y quién es ese “hombre interesante”?
-Oh, él es todo lo que ella espera en un hombre. Es amable, atento, servicial y buen amante.
-¡Vaya! Es una descripción irresistible…
-Sí; y por si fuera poco tampoco le falta el dinero.
-¡Quién no querría a alguien así! ¿Y cómo piensa acabar la novela?
-Aún no lo sé. En estos momentos padezco un bloqueo mental del que no sé cómo salir. Tal vez usted me ayude en cuanto lleguemos a su estación.
-¿Acaso piensa convertirme en la protagonista de su novela?
-De hecho, ya lo he hecho… ¿Sabe?, se llama usted igual que ella.
-Pues sepa, señor Walters, que yo quiero a mi marido.
-Entonces se bajará en su estación.
-Así haré.
-¿Está segura?
-Claro. ¿Por qué no habría de estarlo? Insinúa que no estoy enamorada de mi marido.
-Bueno, hace poco que la he llamado “señorita” y usted no ha mostrado intención de corregirme; es más, ha estado ocultando su anillo de compromiso todo este tiempo, y apuesto a que ha tratado de quitárselo del dedo en más de una ocasión durante nuestro breve encuentro.
-¿Eso cree? ¿Y por qué iba yo a coquetear con usted? Apenas le conozco.
-Ya le he dicho cómo soy.
-¿Usted es el “hombre interesante”? ¿Piensa que le voy a creer y que me voy a dejar seducir por su palabrería?
-Sí, porque usted quiere creer; necesita creer y deshacerse de su rutina de una vez por todas. ¿Si no qué iba a hacer viajando a solas en un tren en mitad de la noche?
-Vengo… vengo de un viaje de negocios.
-¿Dónde está su maletín?
-En mi compartimento.
-No, no creo que se atreviese usted a separarse de él ni un instante… Usted esta noche necesitaba evadirse; evadirse, sí, y sentir el traqueteo del tren bajo sus pies antes que reencontrarse con su marido. ¿Y sabe por qué?
-No, dígamelo usted.
-Porque su corazón hace años que dejó de latir y necesitaba sentir una cadencia similar.
(Rebecca no puede disimular su excitación)
-Señor Walters, creo que ha leído usted demasiadas novelas.
-Es posible… De todas formas saldremos de dudas en cuanto lleguemos a su estación.
-Le digo que pienso bajarme en Bruselas.
-No trate de disimularlo. Usted sabe que lo que le digo es verdad, que necesitaba tomar un tren que la llevase lejos de su rutina. Tal vez el de esta noche sea el último que pase por su vida, y ahora que va montada en él tiene miedo de dejar su pasado atrás y continuar la huida afrontar una nueva vida.
-Lo que dice no tiene sentido; ¡apenas le conozco!
-Sólo tiene que tomar mi mano y dejarse llevar. Sólo tiene que atreverse a avanzar hasta la siguiente estación.
-No.
-Sí, Rebecca, sí.
-¿Quién es usted?
-Deme su mano.
(Walters la toma suavemente de la mano e intenta despojarla de su anillo. Rebecca se resiste)
-¡No, no!
-¿En qué compartimiento se aloja? ¡Dígamelo!
-En el 109.
-¿Por qué me lo dice si lo que desea es librarse de mí?
-¡No lo sé, no lo sé!
-Sí lo sabe. Iré y la seduciré.
-¡No, no lo hará!
-¡Sí, iré!
-Está bien, ¡venga!

(Una hora más tarde, Raúl Walters avanza en medio de la noche por el corredor del vagón litera hacia el compartimento 109. Golpea con sus nudillos en la puerta. Ésta se abre lentamente. El interior permanece en penumbra. Walters pasa.
La luz se enciende. Rebecca cierra la puerta tras Walters y le encañona con una pistola)

-Está bien, cuénteme todo lo que sabe.
-¿Re… Rebecca?
-Me ha estado siguiendo, ¿verdad? Desde mucho antes de subir al tren.
-¿A… a qué viene este interrogatorio?
-No se haga el tonto conmigo, ¿quiere?
-No sé de qué me habla…
-“Mi marido”, “abandonarle”, “deshacerme” de mi rutina, “un hombre interesante…” Usted lo sabe todo, ¿no es cierto? ¿Qué es usted, un chantajista? ¿Qué es lo que quiere? ¿Dinero? ¿Acostarse conmigo? ¡Vamos, hable! No conseguirá nada.
-Ya… ya entiendo todo… Us… usted mató a su marido. Y no se bajará en Bruselas. Usted ya encontró a su “hombre interesante”, ¡su cómplice! Y va a reencontrarse con él…
-Elemental, querido Walters. Y ese hombre no se parece en nada a usted.
-Así es como transcurre mi historia… Ella no abandona a su marido. ¡Ella lo asesina y huye con otro! ¡He deshecho el bloqueo!
-¿Lo ve como se hacía el tonto?
-Claro que, tendré que rehacer mi novela…
-No será necesario, simplemente cambie su nombre por el del “hombre interesante.”
-¿Y qué va a pasar conmigo?
-Debió de dedicarse a narrar en vez de inmiscuirse tanto en la vida de sus personajes.
(Rebecca Winters amartilla su arma sin compasión)
-No puede matarme ahora que he deshecho el nudo y hallado el desenlace de mi novela. ¡Sería un sacrilegio! Deje al menos que la termine de escribir, por favor…
-Favor denegado. ¿Alguna otra última voluntad, señor Walters?
-Dígame al menos el nombre del “hombre interesante.”
-Olivetti, su nombre es Olivetti.
-Olivetti…
-Ahora, señor Walters, haga el favor de cerrar los ojos. Yo pondré la rúbrica a su historia.
(Rebecca alza la pistola y pone el dedo sobre el gatillo.
Afuera, el tren se precipita por un túnel entre estrepitosos chirridos.
Estampido de un disparo y fogonazo que resplandece en la oscuridad)

(En su despacho, Walters despierta sobre su Olivetti. Todo ha sido un sueño. El autor contempla la novela que escribe y sonríe. Al fin ha hallado el hilo a su relato. Teclea ufano hasta escribir la palabra FIN sobre la última de sus páginas)

Miguel S. Coronado

Rebecca Winters

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