Tragedia masculina

grito-Andrés, me acabo de enterar…

-¡Antonio, amigo! Es una desgracia terrible.

-¿Cómo ha sucedido?

-Pues ya lo ves, un día te levantas y ves que ya no está contigo.

-Te compadezco, Andrés.

-Lo he visto crecer, Antonio, lo he cuidado, lo he mimado… y de pronto un día desaparece sin más.

-¡Qué injusta es la vida! Si es que no somos nada.

-Nada, no somos nada.

-¿Y qué piensas hacer?

-No sé, chico; estoy deshecho. No levanto cabeza.

-Te entiendo; yo estaría igual o peor que tú…

-Hice cuanto pude por salvarlo, ¿comprendes?, por evitar la tragedia; pero se fue yendo poco a poco hasta que un día, desapareció.

-¡Qué desastre!

-Fui con Teresa a médicos, a cirujanos. Todos nos prometían que sanaría, que recuperaría su vigor; pero eran cantos de sirena. No había nada que hacer.

-Vaya…

-No, no había nada que hacer y ya nunca volverá. ¡Nunca! ¿Lo entiendes, Antonio?

-¿Y tu mujer qué dice?

-Está hundida, a ver… Dice que nada volverá a ser igual, que se ha abierto un vacío entre nosotros. Sospecho que quiere dejarme…

-Me dejas de piedra, chico… Si me sucediese a mí te prometo que no levantaría cabeza.

-No, no, levantar cabeza ni se me ocurre. Es lo peor que me ha pasado en la vida, créeme. No se lo deseo ni a mi peor enemigo.

-Puedo hacerme una idea de lo que estás pasando, Andrés. Tiene que ser un calvario.

-Es un golpe del que no te recuperas. Dicen que con el tiempo terminas por asumirlo, de hacerte a la idea… pero yo no lo veo, Antonio, no lo veo…

-¡Pobre!

-Es un castigo del destino, estoy convencido. ¿Pero un castigo por qué, si no le he hecho mal a nadie? ¿Entiendes? A nadie.

-No eres el único, Andrés. ¡Ánimo! Consuélate al saber que hay muchos otros que también han pasado por la misma desgracia. ¡Muchos más! Anímate porque no estás solo en tu dolor.

-Ojalá inventaran pronto una cura para remediar este mal que destroza tantas vidas y deja tantos infelices por el camino.

-Algún día, Andrés, algún día…

-Ojalá inventen pronto una cura, porque ningún hombre debería pasar nunca por esto, ¿me oyes, Antonio? Ningún hombre, ninguno, debería quedarse nunca calvo.

grito!

Miguel S. Coronado

Anuncios

Reflexiones

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s