Ezra y su cometa

Calavera

Ezra, un niño frágil y taciturno de unos nueve años, salió de su casa y a la carrera cruzó su jardín mientras volaba una cometa.

-No vengas muy tarde, Ezra -se oyó una voz decir desde el interior de la vivienda.

-Descuida, tía.

Ezra atravesó el jardín contiguo al suyo y llamó a la puerta de sus vecinos.

Enseguida le abrió una mujer.

-¿Están Josh y Moulin en casa? –preguntó tímidamente el niño.

-Sí, ahora mismo les digo que bajen. ¡Josh! ¡Moulin! Venid abajo. Vuestro amigo Ezra está esperándoos en la puerta.

Josh y Moulin, dos niños de 14 y 12 años respectivamente, bajaron con desgana hasta el recibidor.

-Mirad quién ha venido -les comunicó la madre con entusiasmo.

-Ya está aquí el sobrino de la hechicera -susurró Josh a Moulin para regocijo de éste-. ¿Por qué se empeñará en venir a jugar con nosotros?

Tras percibir la escasa cordialidad de sus hijos, la madre mudó la expresión de su rostro a una más severa.

-Josh, Moulin, saludad a vuestro amigo –pronunció con seriedad.

Los chicos obedecieron a su madre y saludaron al recién llegado:

-¿Qué tal, Ezra? ¿Cómo estás?

-¿Venís a jugar, chicos? Hace un día espléndido.

-Está bien, iremos; pero déjanos volar tu cometa -le impuso Josh como condición a su amigo.

-Está bien.

Los chicos se despidieron de su madre y salieron a jugar frente a la casa.

Enseguida, Josh tomó el dominio de la cometa y la hizo volar con soltura.

-Ya la has tenido mucho tiempo, Josh, ahora déjame a mí -suplicó Moulin a su hermano agarrándose a su brazo.

-¡Estate quieto! ¡No seas pesado!

La disputa provocó que Josh perdiera el control del juguete, que quedó enganchado sobre la copa de un árbol.

-¡Mira lo que has conseguido! -reprendió Josh a su hermano-. Por tu culpa nos hemos quedado los dos sin jugar.

Al presentir el fin de la diversión, Josh y Moulin regresaron cabizbajos a su casa.

-¡Esperad! Ayudadme a bajar la cometa, por favor -les rogó Ezra al verles marchar.

-Súbete al árbol, no es tan difícil. ¡Qué pesado es este niño! -replicó Josh de malos modos.

-Ayudadme, por favor; yo no soy tan alto como vosotros y no podré.

-No te preocupes, ya crecerás –continuó burlándose Josh con crueldad.

-Imagínate que eres un gato que trepa por las ramas –le secundó Moulin de igual talante.

-Ayudadme, por favor.

-La culpa es tuya, Ezra, por andar siempre jugando con tu cometa. Si te hubieses traído una pelota no te habría sucedido igual.

Al intuir que no recibiría ayuda alguna de sus amigos, Ezra trató de encaramarse a las ramas del ciruelo por sus propios medios.

-Déjala, Ezra, ya la hará caer el viento -le dijo Josh.

-No me iré a casa sin mi cometa.

Con esfuerzo, el débil muchacho consiguió subirse a las ramas y trepar hasta la copa del árbol.

-¡Ya… ya la tengo! -exclamó orgulloso tras rescatar su juguete.

-¡Ten cuidado, tonto! Te vas a caer –le advirtieron sus vecinos desde abajo.

-No, no me caeré.

Ezra comenzó entonces el descenso por las ramas. La mala fortuna quiso en cambio que resbalase cuando estaba en lo más alto y se precipitase de cabeza contra el suelo.

Los dos hermanos se acercaron hasta el muchacho malherido.

-E… Ezra, ¿estás bien?

El extraño chico no daba señales de vida. La puerta de su casa se abrió de improviso y, del interior, prorrumpió su tía, una mujer enlutada y de aspecto misterioso que corrió hacia los chicos al presagiar la tragedia.

-¡Apartaos! ¡Fuera! ¿Pero, qué le habéis hecho? -les gritó a ambos sumamente enojada.

-Nosotros nada. Se… se cayó del árbol.

Ezra sangraba a borbotones por la frente. Sin tiempo que perder, la tía se lo llevó en brazos hacia la casa, cuya puerta cerró de un portazo.

-¡Marchaos de aquí y no volváis nunca! –oyeron los muchachos que les gritaba desde el interior.

 

Aquella tarde, Josh y Moulin sintieron cómo unos desagradables remordimientos les punzaban el ánimo, así que fueron a llamar a la puerta de su vecino.

Nadie salió a recibirles.

-Mejor vayámonos -le sugirió Josh a su hermano.

-Sí, ya nos enteraremos mañana de qué ha pasado.

Cuando estaban a punto de marcharse, Josh retuvo a su hermano sobre el porche de la casa.

-Espera, ¿has escuchado eso? –le preguntó con la respiración contenida.

Moulin aguzó el oído. Del interior de la casa emanaba un débil lamento.

-Sí, lo escucho… –repuso el pequeño sin dejar de escuchar con atención.

Los dos muchachos rodearon la vivienda hasta un ventanuco que se abría en el patio trasero a nivel del suelo, por el que se asomaron.

Abajo, en el sótano de la casa, la tía de Ezra sollozaba sobre el cadáver de su sobrino, que yacía amortajado sobre una mesa de madera entre un círculo de velas negras.

-¿Qué… qué pasa, Josh? ¿Qué sucede…? –preguntó Moulin a su hermano entre una gran turbación.

-¡Es… está muerto!

-¡Vámonos, Josh! ¡Vámonos de aquí!

-Espera…

Josh retuvo nuevamente a su hermano y ambos continuaron espiando a través del cristal. Sin previo aviso, la tía de su amigo levantó de pronto su cabeza y dirigió su mirada hacia el ventanuco.

Asustados, Josh y Moulin se pusieron en pie y echaron a correr hacia su casa como si hubiesen visto al mismísimo diablo.

-¡Corre, Moulin! ¡Corre y no mires atrás!

 

De vuelta en casa, los dos hermanos relataron a su madre lo sucedido.

-¡Pero… pero es terrible! ¡Pobre mujer! -respondió la mujer con el corazón encogido-. ¡Qué desgracia! Ezra era lo único que le quedaba en esta vida…

-Lo sabemos, mamá.

-Uno nunca sabe lo que Dios le tiene reservado…

-Sí… sí mamá.

Josh y Moulin se agitaban inquietos, con la culpa inscrita en el semblante.

-Id a vuestro cuarto y rezad por el alma de vuestro amigo –les ordenó la madre-. Mañana, en cuanto amanezca, iré a darle el pésame a su pobre tía y a ofrecerle mi ayuda. Hoy ya es tarde.

-Buenas noches, mamá.

-Buenas noches, hijos.

Minutos más tarde, Josh y Moulin se hallaban tumbados sobre sus camas en mitad de la fría noche.

Afuera se avecinaba una gran tormenta.

-Josh… Josh…

-¿Qué quieres, Moulin?

-Josh, ¿tienes miedo?

-¿Por qué iba a tenerlo?

-Porque Ezra murió por nuestra culpa.

-¡No murió por nuestra culpa! ¡No digas eso!

-Si no hubiésemos reñido, la cometa nunca se hubiera enredado en la copa del árbol.

-No lo hicimos aposta. Además, si hay algún culpable ése eres tú que te agarraste a mi brazo como un perro.

-No… no me digas eso, Josh –sollozó Moulin.

-¡Pues cállate de una vez!

-Josh…

-¿Qué quieres ahora, pesado?

-¿Crees… crees que su espíritu vendrá a por nosotros?

-Moulin, cállate de una vez. Te juro que estás empezando a fastidiarme.

La tormenta terminó por desatarse en el exterior. Varios rayos cayeron muy cerca de la casa.

-Josh, tengo miedo… –le reveló Moulin a su hermano.

-Cierra los ojos y verás cómo se te pasa.

Moulin calló por fin; pero ni él ni su hermano pudieron conciliar el sueño aquella noche.

 

A la mañana siguiente, los gritos de enojo de su madre despertaron a los dos muchachos.

-¡Josh y Moulin Dupré! ¡Bajad aquí ahora mismo! –les requirió la mujer.

Los chicos no se hicieron de rogar y de inmediato bajaron a la cocina.

-¿Qué ocurre, mamá?

-¿Cómo que qué ocurre? ¡Que me habéis mentido! ¡Los dos!

-¿A… a qué te refieres?

-A que ayer me dijisteis que vuestro amigo Ezra había fallecido y no es cierto.

-¿Co… cómo que no es cierto? Nosotros lo vimos, ¿verdad, Moulin? –solicitó Josh el apoyo de su hermano; pero tan sobresaltado andaba el pequeño que no pudo siquiera asentir con la cabeza.

-¡Pues os digo que no es cierto! –continuó la madre-. Acabo de hablar con la tía y me ha dicho que Ezra está perfectamente, que no le ha pasado nada.

-No… no es posible.

-¿Cómo habéis sido capaces de contarle esas patrañas a vuestra madre? ¡Hay cosas con las que no se bromea, caballeretes!

-Pero, mamá… Te juro que le vimos tumbado sobre una mesa y nos dio la impresión de que estaba muerto -le confesó Josh a su madre.

-Pues ya veis que os habéis confundido. Por cierto, que me he sentido tan abochornada que le he dicho a la tía que Ezra está invitado a venir a jugar con vosotros esta tarde.

-¡No, mamá! Ese niño nos da miedo… -habló Moulin al fin, revelando así sus temores.

-Le da miedo a él, a mí no -le corrigió Josh con su orgullo de preadolescente.

-¡Me da igual! Jugaréis con él –sentenció la madre.

 

A la caída de la tarde el timbre de la puerta sonó lánguidamente. La señora Dupré no hizo esperar a su invitado y enseguida abrió la puerta. Bajo el umbral aguardaba Ezra. Su traje negro y su gorra oscura contrastaban con la palidez de su rostro, la cual impresionó profundamente a la mujer.

-Ezra. ¿Te… te encuentras bien? –preguntó turbada al muchacho.

-Claro –repuso Ezra, que pareció no advertir el sobresalto de su anfitriona-. ¿Están Josh y Moulin en casa?

-Sí… sí están… Ahora mismo les llamo.

Los dos hermanos, al tanto de la llegada del visitante, salieron a recibirle antes de que su madre les requiriera.

-Ho… hola, Ezra –saludaron ambos con el ánimo encogido.

-¿Salís a jugar?

-Pues…

-Os dejaré volar mi cometa.

-Josh, Moulin, salid a jugar con vuestro amigo -les ordenó su madre una vez restablecida de su estremecimiento.

-Sí, mamá; ya vamos.

-Y no os vayáis muy lejos.

-No se preocupe, señora Dupré; estaremos aquí al lado –le aseguró Ezra.

Los tres niños se despidieron y cruzaron la calle. Enseguida Ezra se puso a jugar con su cometa, en tanto que los otros dos le observaban con recelo y sin intercambiar palabra.

-¿Qué os pasa? ¿Es que no queréis volar mi cometa? –les preguntó Ezra al cabo.

-No, es que… hoy no nos apetece.

El chico no insistió más y continuó jugando distraídamente con su juguete.

-Oye, Ezra… -se dirigió Josh a su amigo-. Moulin y yo queríamos pedirte disculpas por lo de ayer. Ambos nos sentimos en parte culpables por lo que te sucedió.

-¿Qué me sucedió?

-¿No lo recuerdas? El golpe que te diste…

-¿Qué golpe, Josh?

-El que te diste al caer del árbol cuando fuiste por tu cometa.

-Yo no me caí de ningún árbol, Josh.

-Sí, ocurrió ayer mismo. Te despeñaste desde la copa de aquel árbol, ¿no lo recuerdas? –insistió Josh señalando al ciruelo en cuestión.

-Ayer… ayer no me ocurrió nada malo… Mi tía dice que ayer no me ocurrió nada malo -repuso Ezra con síntomas de intranquilidad creciente.

-Es… está bien, como quieras -claudicó Josh en tanto que Moulin presenciaba el coloquio aterrado.

Aún no se habían repuesto los dos hermanos del sobresalto que les causara el testimonio de su amigo, cuando una ráfaga de viento arrastró la cometa calle abajo.

-¡Venid, ayudadme! –les dijo Ezra.

Los tres chicos corrieron tras la estela del juguete.

-¡Rápido! ¡Daos prisa o la perderemos!

Sin detener el paso, el trío atravesó la vecindad hasta un descampado.

La cometa sobrevoló un cementerio y fue a caer tras sus muros.

-¿Y ahora qué hacemos? -preguntó Moulin a los otros dos.

-Hay un hueco en la verja por el que se puede entrar. ¿Venís? –desafió Ezra a sus amigos.

Los dos hermanos no pudieron negarse esta vez y, junto a su vecino, atravesaron la verja por el hueco que éste les mencionara.

Ezra fue el último en pasar. Al hacerlo, su pantalón quedó enganchado en un hierro y el muchacho cayó al suelo.

-¿Estás bien? -se preocupó Josh, quien solícito le tendió su mano para ayudarle a levantar.

Al tocar al muchacho, Josh se estremeció al sentir su cuerpo frío como un témpano.

-Estoy bien, gracias -contestó Ezra, que de inmediato soltó la mano de su acompañante y echó a andar entre las tumbas-. ¿Dónde estará esa cometa?

Ezra, Moulin y Josh deambularon largo y tendido entre las lápidas, en busca de la cometa.

Ya caía la tarde cuando Ezra detuvo la marcha y permaneció a la escucha.

-¿No… no oís las voces? -susurró a los dos hermanos.

-¿Qué… qué voces?

Ezra aguzó el oído y siguió atento.

-Esas voces que nos llaman… ¿Vosotros no las oís?

Josh y Moulin se miraron asombrados, incapaces de responder.

-¡Mirad! Ahí está la cometa -exclamó Ezra al fin.

Instantes después, los tres regresaban a sus casas sin apenas intercambiar palabra.

 

De vuelta en su dormitorio, ya de noche, Josh y Moulin debatieron lo ocurrido.

-Te digo que está muerto y que ha vuelto a la vida. ¿No viste lo pálido que estaba? –trataba de convencer Josh a su hermano.

-No… no puede ser.

-Fui a darle la mano y la tenía fría como un cubo de hielo. ¿Y por qué viste de negro y no se quita esa estúpida gorra de la cabeza?

-¿Por… por qué, Josh?

-Porque la herida que se hizo en la cabeza no ha cicatrizado y su tía no quiere que lo descubramos.

-¿Qué descubramos qué?

-¡Que está muerto! ¿Qué iba a ser?

-No, no puede ser…

-¿Y qué me dices de las voces?

-¿Qué voces?

-Las que dijo oír en el cementerio. Eran las voces de los muertos que le hablaban y que sólo él podía oír porque está tan muerto como ellos. Asúmelo, Moulin: nuestro vecino es un muerto que ha vuelto a la vida.

-¡No… no es posible, Josh!

-Sí que lo es, mira.

Moulin se acercó hasta la ventana de su dormitorio por la que se asomaba su hermano y llevó su mirada allí donde éste le señalara. Plantado en mitad de su jardín entre las sombras de la noche, su amigo Ezra admiraba inmóvil la luna llena iluminada.

-Tenemos que hacer algo, Moulin; no podemos quedarnos de brazos cruzados -previno Josh a su hermano apenas notó que le volvía el color a las mejillas.

-¿A… a qué te refieres?

-¿Te gusta tener a un muerto como vecino?

-Parece… parece que no tiene malas intenciones.

-No de momento pero, ¿y si las tuviese más adelante?

-No… no te entiendo.

-¿Crees que lo de llevarnos hasta el cementerio ha sido casual?

-Ha sido la cometa la que nos ha llevado hasta allí.

-No seas ingenuo, Moulin; Ezra nos ha llevado hasta allí.

-¿Tú… tú crees?

-Estoy totalmente convencido. Piénsalo, Moulin: la próxima vez que nos lleve podríamos no salir con vida de allí.

-¿Y… y qué podemos hacer?

-Hay que demostrarle que no le tenemos miedo o se aprovechará de nosotros.

-Pero yo tengo miedo, Josh, mucho miedo.

-¡Calla, no digas eso! Mañana mismo compartiremos nuestro secreto en la escuela y le obligaremos a desembuchar sus intenciones.

 

Al lunes siguiente, antes de sonar el timbre del fin de las lecciones, el rumor ya se había extendido por la escuela. A la salida, una decena de colegiales, entre los que figuraban Josh y Moulin, alcanzó a Ezra en el descampado camino de su casa y le rodeó sin disimulo.

-Oye, Ezra.

-¿Qué queréis, chicos?

-¿Es verdad que estás muerto?

-No… no sé de qué me habláis.

El niño intuyó las intenciones de los muchachos y apuró el paso acobardado.

Al presentir que huía, sus compañeros estrecharon el cerco.

-¡Quítate la gorra! -le exigieron imperiosamente.

Ezra echó a correr, pero sus compañeros le apresaron sin mayores esfuerzos. Su cometa resbaló entonces de sus manos y fue a perderse entre la bruma del cielo.

-¡Soltadme, soltadme! –exigió Ezra intimidado.

Inexorable, la multitud le despojó sin miramientos de su gorra y la herida de su frente se presentó abierta a ojos de todos. La sangre parecía en cambio restañada, pues no manaba de la herida, por la que asomaba un hueso del cráneo.

-¡Ezra, estás muerto! ¡Confiésalo! –demandó la horda de muchachos tras presenciar el fenómeno.

-¡No, no lo estoy! ¡Mi tía dice que no lo estoy, que soy como los demás! ¡Soy como vosotros! ¡Dejadme en paz! -sollozó Ezra, visiblemente turbado.

-¡Mentira, eres un brujo como tu tía!

-¡No lo soy! ¡No lo soy!

-¡Sí lo eres!

-A las brujas las quemaban en la hoguera y las hacían confesar sus delitos -aseguró una voz entre la multitud, avivando los ánimos.

-¡Pues hagamos nosotros igual!

Los muchachos ataron a Ezra a un poste y prendieron una hoguera a sus pies.

-¡Confiesa, Ezra! ¡Confiesa que eres un muerto que ha vuelto a la vida! ¡Confiésalo!

-¡No, nooo! –suplicó el pequeño.

Conmovido por su angustia, Moulin intervino en su favor:

-¡Chicos, parad! ¡Estaos quietos! –advirtió a sus amigos, invadido por las lágrimas.

-¡Qué más da si ya está muerto!

-¡Parad, parad, os lo ruego!

-¡Ya está bien, chicos! Ya ha escarmentado lo suficiente como para aprender a andarse con cuidado -secundó Josh a su hermano al temer que la broma se les acabaría yendo de las manos.

Los chicos hicieron caso y mostraron intención de extinguir las llamas; pero por desgracia una corriente de aire avivó súbitamente las llamas, que se desbocaron hacia el rostro del apresado.

-¡Ayudadme, ayudadme! -gimió Ezra al sentir que se abrasaba.

Sus lamentos fueron en balde, y el chico pronto se rebozó en un mar de llamas para espanto de los presentes.

-¡Mirad lo que habéis hecho, salvajes! -increpó Moulin al resto fuera de sí-. ¡Mirad lo que habéis hecho!

Estremecidos por el funesto desenlace que había tenido su diversión, los chicos huyeron en desbandada.

-¿Qué hacemos, Josh? -preguntó Moulin a su hermano-. ¿Qué hacemos?

-¡Vayámonos, Moulin! ¡Vayámonos de aquí, rápido!

Los dos corrieron junto a la tapia del cementerio hacia su casa, al tiempo que sobre sus cabezas el viento agitaba las copas de los cipreses, cuyas ramas parecían susurrar hechizos diabólicos e imprecaciones adversas.

 

Esa misma noche, acostados en su dormitorio, Josh y Moulin fueron incapaces de conciliar el sueño. La preocupación mantenía la mirada de Josh desencajada, mientras que Moulin respiraba anhelosamente.

-Josh… Josh -susurró Moulin desde su cama.

-¡Cállate… cállate! –respondió su hermano desde la suya.

-Josh… tengo miedo.

-Cállate, Moulin, te lo suplico.

Antes de que alguno de los dos volviera a articular palabra, unos golpes secos y penetrantes retumbaron contra el cristal de la ventana.

-¿Qué… qué es ese ruido?

-No… no lo sé, Moulin.

Los golpes persistieron, así que Josh hizo acopio del poco valor que le restaba y logró incorporarse sobre su cama. Afuera, bajo la tormenta, la cometa de Ezra golpeaba insistentemente contra la ventana del dormitorio una vez tras otra.

Invadido por el terror, Josh se precipitó contra el suelo desmayado.

-¡Josh! ¡Josh! -susurró Moulin espantado, que de inmediato se enderezó y dirigió su mirada hacia su hermano.

Unos golpes repicaron entonces sobre la puerta principal de la casa.

Preso del pánico, Moulin se puso en pie y caminó lentamente hasta la ventana, por la que asomó su pequeña cabeza.

Abajo, en el porche, aguardaba una figura pálida y enlutada, cubierta por una gorra chamuscada.

Era su amigo Ezra, que esperaba pacientemente a que vinieran a jugar con él y con su cometa.

Calavera

Miguel S. Coronado

Léelo en Wattpad! wattpad

Anuncios

2 pensamientos en “Ezra y su cometa

Reflexiones

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s