Daphne la sonámbula

pubertad

Una agradable familia llega a una apartada mansión a las afueras de una villa.

Will, el padre, pasa al interior y contempla el lugar mientras el resto permanece en el umbral.

-Cerrad, cerrad los ojos –indica a sus familiares.

-¡Qué emoción, Will! –pronuncia Eleonor, la mujer.

-¿Los podemos abrir ya, papá? –preguntan Daphne y Lily, las hijas.

-Pasad primero.

Con los ojos cerrados, la mujer y las dos hijas cruzan el umbral.

-Muy bien; ya los podéis abrir –les señala el padre.

-¡Oh, es increíble, papá! ¡Qué grande es! –dice Lily, la hermana menor, que contempla admirada los altos techos de la mansión.

-¿No es maravilloso?

-Oh, Will, es fantástico –felicita Eleonor a su marido.

-¿No os lo dije?

-Mirad qué escalera… –dice Lily, asombrada de la suntuosidad de su nueva casa.

-¿Y los dormitorios? –pregunta Daphne más comedida.

-En el piso superior.

-¡Me pido la cama de arriba! –exclama Lily, que echa a correr entusiasmada hacia la gran escalera del salón.

–¡Eso ni hablar, Lily! –repone Daphne, quien corre tras su hermana peldaños arriba.

-Fue un acierto comprar esta casa –reconoce Eleonor a su marido una vez que se han quedado a solas en el recibidor.

-Un acierto y una ganga.

-Aquí vamos a estar muy bien, ¿verdad, Will?

-Te aseguro que sí…

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