Misterio en alta mar

Calavera

En las profundidades marinas del Caribe, una pareja de oceanógrafos bucea entre arrecifes de coral en busca de nuevas especies.

-¿Te has fijado qué hermosos son? Alguno debe tener miles de años –le dice Martha, la mujer, a su marido Damon a través de la radio subacuática.

-Sí, son increíbles. Fíjate qué tamaño tienen éstos de aquí. ¡Forman un auténtica colonia!

-Y qué colores tienen. Son realmente fabulosos. ¿A qué clase crees que pertenecerán?

-Deben ser del género Lophelia; son los únicos capaces de sobrevivir a una profundidad de más de 3.000 metros.

-Es asombroso cómo la vida se abre camino; apenas llega la luz solar aquí abajo. Damon, ¿no crees que…? ¿Damon? –Martha se sobresalta al perder de vista a su marido-. Damon, te he perdido. ¿Dónde estás?

El hombre no responde a la llamada por radio.

De pronto, Martha siente que alguien la coge del hombro detrás suyo.

La mujer se vuelve asustada; se tranquiliza al ver a su marido.

-¡Tonto! Me has asustado.

Damon ríe.

-Ven; he descubierto algo.

-¿Qué es?

-Ven; te lo enseñaré.

Damon bucea hacia una prominencia marina, tras cuya cima desaparece.

Martha sigue su estela.

Incrustado en la ladera de la parte opuesta, yacen los restos de un barco naufragado.

-¡Vaya! Esto sí que es todo un hallazgo.

-Te lo dije. Debe ser de principios del siglo pasado.

-Tal vez fuese abatido en la guerra.

-No, no parece un navío de combate. Diría que es un barco comercial. Me pregunto qué le habrá pasado a su tripulación…

El marido se acerca a investigar.

-Damon, regresemos a la superficie –le aconseja su mujer preocupada.

-Espera; tal vez encontremos algo interesante.

Damon rodea la embarcación, de no gran eslora, e investiga su popa, la cual sobresale del talud de tierra.

Martha permanece inmóvil ante el costado del barco. Le ha parecido ver algo moverse en su interior a través de una de las portillas.

Intranquila, se acerca hasta su cristal para ver de qué se trata.

El rostro de una niña emerge entre las aguas que anegan el interior del buque. La niña le sonríe pese a no llevar escafandra ni sistema de respiración alguno.

Después se aleja y desaparece entre las sombras.

-¿Qué ocurre? –pregunta Damon a su mujer, junto a quien se ha acercado tras reparar en su sobresalto.

-¡He… he visto a alguien! –le revela Martha.

-¿Cómo que has visto a alguien?

-Te digo que he visto a alguien ahí dentro. Creo que era una niña.

-¿Una niña?

-Sí.

-Iré a ver.

-Ten cuidado.

Damon bucea hasta la fisura que resquebraja el costado del buque, por la cual se aventura por su interior.

Martha vuelve a mirar a través de la portilla. No tarda en distinguir un cuerpo sumergido, vestido con un traje de niña.

Acto seguido Martha localiza a su marido, que se acerca hasta el cuerpo de la supuesta niña. La toma de la mano y la acerca hasta la portilla para que su mujer la vea.

Se trata de una antigua muñeca, de aspecto desvencijado y con los ojos arrancados de sus cuencas.

-¿Qué… qué es eso? –pregunta Martha incrédula.

-Es una muñeca. Has debido confundirte, cariño.

-¿Y… y la niña?

-Te digo que aquí dentro no hay nadie.

-¿Estás seguro?

-Completamente.

–Es curioso… Juraría haber visto a una niña.

-Es normal que te haya sucedido, cariño; no te preocupes. Ahora regresemos al barco, se ha hecho muy tarde.

Damon abandona el interior del buque y, junto a su mujer, regresa a la superficie…

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Calavera

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