Acerca de Miguel Rey

Artista y bardo, porque yo lo valgo.

PECADO ORIGINAL

 

PECADO ORIGINAL

Cuando el tren se detuvo en la estación, mi abuela Mirte esperaba ya en el andén. Me besó, orgullosa de ver a su nieto envuelto en su sotana, con la cruz colgada del pecho y su bonete angulado. Me llevó después hasta la parada del tranvía, en el que partimos hacia su casa de Rotterdam. El seminario para aspirantes al sacerdocio de Willemstad cerraba sus puertas durante la Navidad y, aunque me resultara triste decirlo, no tenía otro sitio en el que recibir la Pascua del Señor. Mi abuela era el único familiar que me quedaba con vida tras la muerte de mi padre, cuyo sentido estricto de la moral cristiana aún pervivía en mí y me martirizaba como un yugo. Sigue leyendo

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LA CARRERA AL MAR

LA CARRERA AL MAR

La carrera al mar fue su juego favorito durante tres veranos seguidos. Maurizio y Marina eran grandes corredores. Ella era rápida para ser una chica, le ganaba todas las veces. Tal vez porque ya había cumplido los catorce y Maurizio apenas contaba doce. Maurizio, al que todos en Capri llamaban Micio por su temor a las aguas, se frenaba en seco antes de alcanzar la costa. Marina en cambio se zambullía en el agua y, por unos instantes, se perdía de la vista del muchacho. Éste ni siquiera había aprendido a nadar. Aun así, la carrera hasta el mar les divertía mucho más que las canicas, la peonza o las chapas. Fue su juego favorito hasta que pasó lo de la botella. Entonces se acabó el juego. Sigue leyendo

LA MAJA SE VISTE

LA MAJA SE VISTE

Tras despedirse de los últimos empleados y cerrar las puertas, Martin Sésamo empuñó su linterna y, una noche más, inició su ronda por las salas despobladas del museo.
El recorrido era el mismo que llevaba haciendo durante los últimos doce años, desde que comenzara a trabajar como vigilante del Museo del Prado. Del vestíbulo de la entrada de los Jerónimos se arrastraría hacia la sala 55, la de pintura antigua española; de aquélla pasaría a la 55B, la dedicada a la pintura alemana, y después atravesaría el octógono de esculturas clásicas y recorrería como un autómata el laberinto de salas que abarcan de la 61A a la 67, las de las pinturas negras de Goya y los claroscuros de Rembrandt. Sigue leyendo

COMPAÑERAS

AVISO: ESTE RELATO PUEDE HERIR LA SENSIBILIDAD DEL LECTOR

COMPAÑERAS

La puerta del aula se abrió de improviso. Un inspector de policía entró en compañía de un agente e interrumpió la clase. Tras compartir unas palabras con la maestra Simmons, se dirigió a los alumnos. Un pupitre vacío auguraba la desgracia.

—Buenos días, chicos. Soy el inspector Charmes. Como muchos de vosotros ya os habréis enterado por las noticias, vuestra compañera Patricia Kimberly se halla en paradero desconocido. Después de las clases, os entrevistaremos uno a uno. No os preocupéis, serán preguntas muy sencillas y sin ninguna presión. No obstante, si alguno de vosotros recordara algo que pudiera ayudar a esclarecer el caso, sería de gran ayuda que nos lo comunicarais. Como os podéis imaginar, su familia está destrozada, como supongo que lo estaréis todos vosotros. —Los rostros llorosos y las miradas perdidas de la mayoría de los alumnos así parecían confirmarlo—. En fin —continuó Charmes—, esperemos que todo se resuelva pronto y de la mejor de las maneras. Sigue leyendo

UN SALTO DE CONFIANZA

UN SALTO DE CONFIANZA

En un avión, una pareja se prepara para un salto de paracaidismo.

-Enseguida alcanzaremos los 1.000 metros; vayan preparándose -les avisa Bruno, el instructor.

Andrés, el marido, se pone en pie de un brinco y comienza a estirar enérgicamente. Elena, su mujer, permanece sentada en un rincón con el semblante descompuesto.

-¿Te encuentras bien, cariño? -le pregunta el marido.

-Sí… sí. Tú sigue calentando, que ahora voy.

-Uy, uy, uy… No te irás a rajar ahora, ¿verdad?

-Que no, pesado; tú sigue calentando, anda.

-¿Y no sería mejor que te levantases, para ir haciéndote a la idea?

-Estoy mejor así, gracias. Sigue leyendo

El Internado de Saint Martin

Capítulo 2: El viejo caserón

Aquella tarde, los alumnos fueron convocados en la sala capitular del monasterio, donde se ubicaban las aulas. En dos filas paralelas, los chicos formaron ante madame Genevieve, la gobernanta del internado, una mujer con la autoridad inscrita en cada arruga de su rostro.

Con voz grave y déspota, la vieja pasó lista a los internos:

-Antoine Molinet.
-Presente.
-Adrien Petit.
-Presente.
-André Pignon.
-Presente.
-Olivier Pignon.
-Presente.
-Marcel Pussé.
-Presente.
-Joan Sagace.
-Presente –repuso Joan, a quien su condición de nuevo alumno del centro nada intimidaba. Sigue leyendo

El Internado de Saint Martin

Capítulo 1: El nuevo pupilo

El coche, un Citroën del año 35 aún no requisado por los nazis, descendió serpenteando el camino de grava.

-¡Mira! ¿No es eso de allí? –le preguntó la mujer a su marido, quien asintió sin apartar la mirada del volante.

En el asiento trasero, Joan, el hijo adolescente, levantó la mirada y atisbó por la ventanilla con curiosidad. Soberbio tras la sucesión de colinas, el internado de Saint Martin emergió como una mole de piedra caliza en mitad de aquel apartado valle circundado de bosques.
Se trataba de un antiguo monasterio del siglo XII que había pasado a convertirse en un internado para chicos huérfanos tras la invasión nazi de París. Sigue leyendo

El Internado de Saint Martin

 

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¡Saludos!

Voy a estar publicando mi nueva novela en Wattpad:

“El Internado de Saint Martin”

Género: Misterio, romance

Sinospsis: Año 1943.
Joan Sagace, un chico de 14 años, es internado en un antiguo monasterio en mitad de la campiña francesa durante la invasión nazi. Maxime Gautier, el misterioso director del internado, ordena que los alumnos suspensos sean deportados a un Módulo de Formación Especial. La leyenda divulgada entre los internos cuenta sin embargo que tal Módulo no existe, y que dichos alumnos son exterminados en un caserón abandonado que se alza en la cima de un terraplén cercano. Dicha leyenda atormenta al alumno Pierre, que aprovecha la llegada de Joan para averiguar qué ocurre realmente en el internado en el que están confinados.

¡Espero que os guste!

Miguel Rey

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El actor enamorado

Qué triste el día
en que al fin te hacía mía.
Sobre las tablas de un escenario
el milagro sucedía.
Tu preciosa estampa divina
me miraba y sonreía,
y de tu boca
hermosos versos partían
que en mi sedienta alma se hendían
como ansiada agua marina.

El sueño se hacía día.
Bajo una máscara de arcilla
tu alma era al fin mía. Sigue leyendo

Melancolía

 

Aún recuerdo el día
en que me abrazó la melancolía
un susurro, una melodía
a la que mi alma siempre atendía
y que el resto de la gente
no oía.

Un eco oculto, una sinfonía
tristes acordes de despedida
de la que un día fue mi vida,
despiadada armonía
que lo más íntimo de mi corazón atrajo
hacia la torre de un campanario,
triste y solitario,
asilo de mi retiro y de mi llanto
escalones arriba hacia lo alto,
entre nubes de ceniza
y cielos de espanto,
que me separaban del común trato,
de mi fugaz paso,
de la tierra
que un día los hombres hollaron
bajo sus miserables pasos. Sigue leyendo