Mi novela

Tengo el honor de presentaros la que es hasta el momento mi única novela, mi hija del ingenio, a la que he dedicado años de sacrificios y esfuerzos y a la que espero sigan muchas otras más:

tito

Novela humorística ambientada en tiempos pretéritos que narra las andanzas y ocurrencias de un ingenioso y decidido pupilo de una humilde escuela.

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Editorial: Amazon, Google Play, Kobo, Leer-e, Casa del Libro, Fnac…

Páginas: 450

Precio: Desde 3,31€

Fecha publicación: 14/1/2015

Sinopsis: El verano ha llegado a su final, y Tito y sus amigos han de afrontar que el tiempo de bureo es agua pasada y que es hora de hincar los codos y de regresar a la escuela. No obstante, ni Tito ni sus compañeros están dispuestos a que su maestra Coliflor les amargue la existencia con palmetazos y sermones desde primera hora de la mañana, ni a sufrir los collejazos de don Grillo, el capellán de la escuela, ni a que las reprimendas paternas a causa de las malas notas marquen su rutina diaria.

Por el contrario, el cúmulo de adversidades que sobreviene a Tito cada día no supone sino un desafío a su sagacidad y una oportunidad inmejorable para embarcarse en un sinfín de aventuras junto a sus fieles amigos, quienes no vacilarán en acompañarle, contagiados de su ilusión y su entusiasmo.

Con el humor como premisa y la voz en primera persona como hilo conductor del relato, “Tito” es una colección de entrañables aventuras que ensalzan el valor de la amistad y la confianza en el ingenio sobre la fuerza bruta, dos armas muy poderosas capaces de derrocar cualquier adversidad que surja en el camino.

La novela está orientada tanto a un público juvenil como a otro más maduro, aunque lo cierto es que su escritura minuciosa, sus tramas elaboradas y su humor inteligente la acercan más al público adulto.

Podéis adquirirla en versión ebook a través de la página de mi agencia, donde también está disponible el primer capítulo y desde la que se puede acceder a las plataformas digitales que la ofertan.

También están disponibles los 7 primeros capítulos de forma gratuita en mi página de Wattpad.wattpadtito

Aquí os dejo otro extracto:

¡Gracias de antemano a los que penséis adquirirla y espero que la disfrutéis tanto como yo hice ideándola y escribiéndola!


TITO 

(¡mis aventuras comienzan aquí!)

Novela humorística que narra las andanzas

de un pupilo de una humilde escuela.

«                                                                                                                                        »

Capítulo IV

La elección del presidente. En el que, contra todo pronóstico,

Hugo Velas es elegido presidente de la clase.

          Al día siguiente, en la escuela, las consecuencias de la entrega de la circular a nuestros papás se hacían patentes en las mejillas de mis compañeros, más sonrosadas de lo habitual; y parecía la escuela atacada de una epidemia de sarampión.

          Lo cierto fue que la ocurrencia de nuestro director dio sus frutos, pues después de la tarde de reprimendas que la mayor parte de mis compañeros había sufrido la víspera, se nos habían quitado a todos las ganas de maquinar nuevas astucias y de confabularnos para rehuir la escuela; así que, muy a nuestro pesar, nos resignamos a nuestro destino y aceptamos que el verano no podía ser eterno.

          Ya en el aula y tras hacer acopio de las circulares, la maestra Coliflor nos anunció a todos que, ya que tanto orden y disciplina necesitaba la clase, procederíamos a celebrar la elección anual del presidente, uno digno y competente que encarnase los valores pregonados por ella misma para que sirviese de ejemplo a los demás y nos guiase en el camino de la responsabilidad y el buen hacer.

          Esto es, un empollón de tomo y lomo.

         Ya todos estábamos muy al tanto del mecanismo de aquellas elecciones, a todas luces injusto, por lo que ninguno demostramos gran interés por la noticia, que fue recibida con patente frialdad.

Os contaré lo que ocurría:

        Como os podéis imaginar, el deseo expreso de la Coliflor es que Lupitas salga elegido presidente año tras año, pues a su modo de entender las cosas, no existe alumno más brillante ni capacitado que él para tal honor. No obstante, como la maestra es consciente de que mediante una votación justa y democrática Lupitas jamás saldría elegido por la antipatía que nos provoca, desde hace ya varios años que se decidió a inmiscuirse en la política de la clase para que su predilecto gobernase legislatura tras legislatura.

        La cosa discurría entonces de la siguiente manera:

       Por aclamación popular, yo mismo solía presentarme al cargo de presidente, siendo Lupitas mi rival, quien a su vez lo hacía animado por la maestra. Hecho el recuento de votos, no había vez que yo no resultase elegido por mayoría aplastante, quedando Lupitas humillado y sin más votos a su favor que el de la maestra, quien se desesperaba de ver cómo se menospreciaban las virtudes de su alumno más aplicado y se confiaba en mí, enemigo declarado del orden y del buen juicio, como encargado de llevar las riendas de la clase, cuando la sana razón clamaba a voz en grito que para que imperase la norma y la unidad entre los alumnos se precisaba de una cabeza bien amueblada como la de Lupitas.

          Ante semejante atropello contra el sentido común, la Coliflor no podía permanecer de brazos cruzados por mucho tiempo, y contraatacaba de la manera más maliciosa que imaginar se pueda, sometiendo al flamante presidente, o sea, a mí mismo, a un trato de esclavitud indigno y humillante. Una vez era nombrado, la maestra me abrumaba con mandados y obligaciones que eran totalmente ajenos a mi cargo, como pudiera ser sacudir los borradores, fregar el suelo del aula, controlar el suministro de papel higiénico de los lavabos, o cuidar que la cucaracha no anidase bajo los pupitres; quehaceres del todo punto denigrantes que me forzaban infaliblemente a abdicar, pasando a ocupar mi puesto de manera inmediata el otro candidato, o lo que es lo mismo, Lupitas, para quien la Coliflor tenía reservado todo un ramillete de favores y privilegios que nada tenían que ver con el trato vejatorio practicado sobre mi persona y que me dejaban sumamente escamado.

          Y como todos los años sucedía lo mismo, ya hacía tiempo que nadie le disputaba a Lupitas el cargo de presidente de la clase, y la maestra pasaba a nombrarle directamente sin necesidad de robarle apenas tiempo a las lecciones con estúpidas votaciones.

Aquella mañana, sin embargo, ocurrió algo sorprendentemente inesperado:

         Cuando la maestra preguntó por mero formulismo quién se presentaría como candidato a presidente, Lupitas levantó su mano, como era de esperar.

         -¿Algún candidato más? -preguntó la Coliflor sin alzar siquiera su mirada, pues ya conocía la respuesta-. Bien, Federico –se dirigió a continuación a Lupitas–, desde este momento queda usted nombrado como president…

          Ya iba Lupitas a ser coronado como regidor de la clase un año más, cuando una voz cándida e inocente interrumpió la investidura:

          -¡Yo también quiero ser presidente!

          Al momento, nos volvimos todos hacia el fondo del aula. Se trataba de Hugo Velas, que por extraña casualidad prestaba atención al devenir de la clase en vez de entretenerse haciendo pajaritas de papel como acostumbra, y desde el rincón donde la maestra le tiene relegado en el aula, reclamaba su derecho.

          Como lo prometido es deuda, antes de seguir adelante con la narración dedicaré unas líneas para presentaros a mi amigo y genial compañero Hugo Velas.

          Velas es un chico regordete y alegre, de cabello muy rubio y muy rizado que da a su cabeza la forma de una bombilla. Su cara es una continua expresión de inocencia y curiosidad, y sus ojos son de un azul tan claro, que reflejan a la perfección el candor de quien mira por ellos, pues, excentricidades aparte, Velas es dueño de un corazón noble y generoso, libre de maldades y rencores.

          Como ya os dije, Velas es ante todo el niño más peculiar y pintoresco de la escuela, poseedor de una imaginación sin límites que hace que se baste a sí mismo para pasárselo en grande, por lo que no es extraño que en los recreos ande a menudo a solas, dialogando consigo mismo o con su propia sombra, enfrascado en su mundo de ilusión y fantasía. Tan ensimismado está, que ya es casi una rutina el que no acierte a escuchar el silbatazo del Grillo anunciando el fin del recreo y se presente impuntual en clase, preguntándonos a todos si le hemos echado de menos.

          Tantísimas volaterías como rondan su cabeza hacen que se disperse más de la cuenta y sea incapaz de mantener la concentración fija por más de medio minuto en el encerado, lo que le convierte en uno de los alumnos más calamitosos que jamás hayan pisado una escuela, y, en consecuencia, uno de los más queridos por nosotros, pues es un gusto y un honor compartir aula con compañeros de la talla de Hugo Velas, que siempre que te sientes hundido y desmoralizado porque crees que no puede haber alumno más incapaz que tú, te reconforta con su boletín de notas plagado de insultos y amenazas por parte de la maestra. No exageraría si dijese que hay alumnos malos, pésimos, nefastos y Hugo Velas, cuyo entendimiento aún se muestra reacio a asimilar perogrulladas como que la Tierra es redonda, o que tres por tres no son seis, sino ocho. A él en cambio poco le preocupa su situación, y cada evaluación recibe sus calificaciones con el mismo entusiasmo que si recibiese una carta venida de Oriente.

          Siempre que la maestra le pregunta por la tarea, alega unas excusas tan ocurrentes como disparatadas por las que no pudo completarla, tales como que, estando sentado frente a su mesa de estudio, una familia de conejitos al completo trepó por su ventana y no paró de incordiarle hasta roerle todos sus lapiceros; o que, después de haberse afanado toda la tarde completando la tarea, como por arte de magia las letras habían resbalado de su cuadernillo y su abuela había hecho una sopa con ellas.

          Como no es difícil de imaginar, las salidas de Velas causan el delirio entre sus compañeros; pero lo más cómico del caso es que nuestro amigo no guarda intención alguna de hacerse el gracioso, y con gesto asombrado nos mira confundido y nos asegura decir la verdad y nada más que la verdad, lo que hace redoblar las carcajadas. La Coliflor es otra que no deja de asombrarse de sus extravagancias, y aunque conozca a Velas desde hace años, ya no sabe si echarle de clase a patadas o ponerle diez en imaginación y persuasión. Años atrás solía castigarle con asiduidad, pero tras llegar a la conclusión de que se trataba de un caso perdido, hace tiempo que optó por apartar su pupitre a un rincón del aula y ponerle cara a la pared haciendo pajaritas y monigotes de papel con tal de que no entretuviese el curso de las lecciones.

          La verdad es que el futuro de Velas es realmente incierto. Ninguno de nosotros sabe con certeza qué será de este chiquillo (aunque a decir verdad, tampoco sabemos qué será de cada uno de nosotros, ni lo que nos deparará el destino). A él poco parece preocuparle su porvenir. Todo lo que dice es que de mayor quiere construir un túnel, pero no sabemos si se refiere a que quiere ser arquitecto o convertirse en topo. Lo cierto es que hace ya tiempo que le entró esta obsesión por cavar hoyos, y siempre que tiene una pala a mano, no puede evitar hacer uso de ella.

          Como os iba diciendo, Velas interrumpió la investidura alzando su voz:

-¡Yo también quiero ser presidente!

«                                                                                                                                        »

(El resto, aquí)

2 pensamientos en “Mi novela

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