LA MAJA SE VISTE

LA MAJA SE VISTE

Tras despedirse de los últimos empleados y cerrar las puertas, Martin Sésamo empuñó su linterna y, una noche más, inició su ronda por las salas despobladas del museo.
El recorrido era el mismo que llevaba haciendo durante los últimos doce años, desde que comenzara a trabajar como vigilante del Museo del Prado. Del vestíbulo de la entrada de los Jerónimos se arrastraría hacia la sala 55, la de pintura antigua española; de aquélla pasaría a la 55B, la dedicada a la pintura alemana, y después atravesaría el octógono de esculturas clásicas y recorrería como un autómata el laberinto de salas que abarcan de la 61A a la 67, las de las pinturas negras de Goya y los claroscuros de Rembrandt. Sigue leyendo

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