Un salto de confianza

UN SALTO DE CONFIANZA

En un avión, una pareja se prepara para un salto de paracaidismo.

-Enseguida alcanzaremos los 1.000 metros; vayan preparándose -les avisa Bruno, el instructor.

Andrés, el marido, se pone en pie de un brinco y comienza a estirar enérgicamente. Elena, su mujer, permanece sentada en un rincón con el semblante descompuesto.

-¿Te encuentras bien, cariño? -le pregunta el marido.

-Sí… sí. Tú sigue calentando, que ahora voy.

-Uy, uy, uy… No te irás a rajar ahora, ¿verdad?

-Que no, pesado; tú sigue calentando, anda.

-¿Y no sería mejor que te levantases, para ir haciéndote a la idea?

-Estoy mejor así, gracias. Sigue leyendo

Anuncios

El hombre tras las fotografías

Calavera

Bruce y Miranda Smith, una pareja de mediana edad, contemplan su álbum de fotografías en el sofá de su salón.

-Éstas de aquí son de nuestro viaje a Berna –indica el hombre a su mujer señalando un grupo de instantáneas.

-¿Te acuerdas de este día, Bruce? –continúa Miranda sin apartar su mirada del álbum-. No había forma de que te pusieras los esquís.

-¡Jaja, qué graciosa! ¡Mírate tú en ésta! Te quedaste dormida en la terraza del restaurante y cuando volví por ti tenías la nariz como una zanahoria.

-Fue un gran viaje, ¿verdad?

-¡Y que lo digas! ¿Te acuerdas de la cama del hotel cómo chirriaba?

-¡Oh, Bruce, cómo eres! Yo me acuerdo más de los paisajes nevados y del sol de las montañas.

-Como quieras…

Miranda pasa las páginas del álbum.

-¡Mira! Aquí estás tú haciendo ganchillo –dice sin poder ocultar una sonrisa.

-Ése no soy yo.

-¡Claro que eres tú, Bruce! Querías sorprenderme con un jersey de lana que después tuviste que convertir en bufanda porque no te llegaba el tejido para hacerme las mangas.

-El propósito era que no pasases frío y lo conseguí.

-Ya, claro. Tú siempre tienes un pretexto para quedar bien.

-Mira, éstas otras son del día de nuestra boda –continúa Bruce señalando otras fotografías.

-No me digas…

-Mira cuánto pelo tengo ahí. ¿Cuánto tiempo ha pasado ya?

-¿Cómo que cuánto tiempo ha pasado? ¿Es que no lo recuerdas?

-¡Claro que lo recuerdo! Era sólo una broma.

-Cuatro años, Bruce, han pasado cuatro largos años.

-Los mejores cuatro años de mi vida.

-¡Oh, cállate de una vez! Además han sido cinco; he dicho cuatro para ver si de verdad sabías cuánto tiempo había pasado desde el día que nos casamos.

-Ya lo sabía.

-Sí, claro…

-¿Quieres que abra otra botella?

-Como quieras.

Bruce se levanta y se dirige al mueble bar mientras Miranda continúa pasando las páginas del álbum.

-Cariño…

-¿Sí? -responde Bruce tras descorchar el vino.

-¿Te… te habías fijado en este hombre de aquí?

-¿Qué hombre?

-Éste que aparece en las fotografías y que no deja de mirarme. Sigue leyendo

La función de títeres

Calavera

En una escuela de Seattle, una joven aguarda frente a la puerta de un despacho.

La puerta se abre y asoma el director. La mujer se pone en pie.

-Señorita…

-Monica Peyton.

-Es verdad, es verdad… Disculpe, hoy tengo mucho trajín.

-No se preocupe.

-Pase, por favor.

-Gracias, es usted muy amable, señor Huges.

Monica Peyton pasa al interior del despacho y se sienta frente a la mesa del director.

-Veamos, así que hoy es su primer día, ¿verdad? -la interroga Huges en tanto revuelve entre un cúmulo de documentos.

-Así es.

-Y será usted la nueva profesora de primaria, ¿cierto?

-Para eso me han contratado.

-¿De dónde es usted, señorita Peyton?

-De un pequeño pueblo de Missouri.

-¿De verdad? No se preocupe, pronto se adaptará a la gran ciudad.

El señor Huges halla al fin el contrato de la joven.

-¡Ah, aquí está! Ahora mismo le enseñaré su aula, señorita Peyton. Pero antes de todo eso, déjeme plantearle una cuestión:

-¿De qué se trata?

-Oh, no se preocupe; el puesto ya es suyo.

-Gracias, muchas gracias, señor Huges.

-Verá, la señora Holland, a quien usted sustituirá, estaba a cargo del espectáculo de guiñoles de la escuela. ¿Se lo habían comentado ya?

-Pues no, no me habían dicho nada…

-¿Tiene algún inconveniente en ponerse al cargo?

-La verdad es que no. Como puede comprobar en mi currículum tengo cierta experiencia en el mundo de la interpretación.

-¿Le gusta improvisar?

-Sí, por supuesto que sí. Y aunque no me gustase, el hecho de ser maestra a cargo de una jauría de críos te obliga a improvisar a menudo –dice Monica esbozando una agradable sonrisa.

-Bien, entonces no tendrá ningún problema en caso de que surjan imprevistos.

-Esperemos que no surja ninguno.

-¿Podría empezar hoy mismo con el guiñol?

-Sin ningún problema.

-Pues por mi parte no hay ningún inconveniente en que firme usted el contrato.

El director tiende a Monica el documento, quien firma encantada.

-Señorita Peyton, felicidades. Desde este momento es usted la nueva profesora de primaria de la escuela metodista del distrito de Fremont.

-¡Oh, gracias! Muchas gracias, señor Huges.

Ambos se levantan y se estrechan la mano.

-La señorita Elovitch, mi secretaria, la acompañará hasta su aula.

-Gracias, gracias de nuevo, señor Huges.

-Es un placer tenerla aquí, Monica.

Continúa leyendo “La función de títeres” en Wattpad! wattpad

El misterio de las cuevas

Calavera

Jim, un guía turístico, se descuelga por una cuerda hacia el interior de una cueva.

-Ya está, ya he tocado suelo firme. Ahora id bajando vosotros -ordena a su grupo, que aguarda en el exterior.

Uno a uno, sus componentes van deslizándose por la cuerda: Wally, un afamado dentista; su mujer, Candice; su amigo Jonathan, y Benjamin, el hijo adolescente de la pareja.

-¡Oh, qué oscuro está esto! –dice Candice.

-Es lo que tienen las cuevas –responde Jim-. Con cuidado; eso es, con cuidado.

El guía ayuda a descender a los visitantes.

-¡Vaya, es fantástico! -dice Wally al admirar la grandiosidad de la caverna, que se ilumina gracias a los focos que portan los cascos de cada uno.

-¿Verdad que sí?

-¿De cuándo datan estas cuevas?

-Las que hemos visitado hasta ahora tienen cientos de miles de años, más de 200.000 alguna de ellas; pero ésta en particular se cree que es la más antigua de todas.

-¿En serio, Jim?

-Sí, aunque aún hay cavidades sin explorar y es pronto para determinar sus orígenes. Por eso su acceso está prohibido al público.

-¿Por qué? ¿Es que temen que haya algún monstruo prehistórico habitando en sus profundidades?

Jim ríe gustosamente.

-No, claro que no; es sólo como medida de precaución.

-Entiendo; gracias por saltarte las normas, Jim.

-De nada, Wally; sólo espero que la próxima vez que vaya a tu consulta no me cobres los empastes.

-Eso dalo por descontado.

El grupo recoge los arneses y avanza por una oscura gruta.

-¡Sí que está oscuro! -dice Candice.

-Habrá menos luz según descendamos; pero tranquilos, nuestros ojos se habituarán.

-¿Y dónde están exactamente esas pinturas de las que nos has hablado, Jim?

-Pronto lo veréis.

Tras un fatigoso caminar, la expedición llega a una espaciosa sala, cuyas paredes están orladas con pinturas rupestres.

-¡Es… es fascinante! ¿Quién… quiénes hicieron estas pinturas? -pregunta Candice sin dejar de admirar los extraños esbozos que cubren las rocas.

-Aún no sabemos si fueron los hombres de Neandertal u otra especie del género Homo anterior.

-¿Anterior?

-Ya os he dicho que estas cuevas tienen cientos de miles de años de antigüedad.

-Pero, ¿estamos hablando de seres humanos?

(Continúa leyendo “El misterio de las cuevas” en Wattpad wattpad)

Mi hermano Timothy

Calavera

En una consulta médica, el doctor Prescott, pediatra, examina el vientre de una mujer en un monitor.

-¿Va todo bien, doctor? –pregunta Verónica Winston, la mujer.

-No hay anomalía de ningún tipo. El niño se encuentra perfectamente.

-¿De verdad? ¿De verdad no me engaña?

-¿Y por qué iba a engañarla? Señora Winston, permítame asegurarle que va usted a tener un hijo muy fuerte y saludable.

-Señorita Winston.

-¡Oh, disculpe! Señorita Winston.

-No sabe qué alegría me da usted, doctor Prescott.

-Me alegro. Ahora cálmese y relájese, no tiene de qué preocuparse. No habrá ningún inconveniente, al menos hasta el parto. Sigue leyendo

Ezra y su cometa

Calavera

Ezra, un niño frágil y taciturno de unos nueve años, salió de su casa y a la carrera cruzó su jardín mientras volaba una cometa.

-No vengas muy tarde, Ezra -se oyó una voz decir desde el interior de la vivienda.

-Descuida, tía.

Ezra atravesó el jardín contiguo al suyo y llamó a la puerta de sus vecinos.

Enseguida le abrió una mujer.

-¿Están Josh y Moulin en casa? –preguntó tímidamente el niño.

-Sí, ahora mismo les digo que bajen. ¡Josh! ¡Moulin! Venid abajo. Vuestro amigo Ezra está esperándoos en la puerta. Sigue leyendo

La Tía Úrsula

Calavera

En una consulta médica, un doctor y su paciente conversan interesadamente:

-Uno existe en sí mismo y en los sueños de los demás. Uno es uno y múltiple, lleva varias vidas, ¿comprende?

-No muy bien, doctor Sessemann.

-Como usted acaba de decir, yo soy doctor, doctor especialista en la rama del sueño. Sin embargo, en un sueño de usted podría convertirme en cualquier otro personaje, aunque seguiría siendo yo mismo.

-¿Por ejemplo?

-En un sueño de usted, usted mismo podría convertirme en marinero, o en centurión romano, o en corredor de fondo. Por eso hay días en los que despertamos con una sensación de cansancio abrumadora.

-¿Porque alguien soñó que nosotros éramos corredores de fondo? ¡Qué tontería!

-¿No me cree?

-¿Y qué ocurriría si alguien soñase con que hemos muerto? ¿Nos moriríamos? Sigue leyendo

Tragedia masculina

grito-Andrés, me acabo de enterar…

-¡Antonio, amigo! Es una desgracia terrible.

-¿Cómo ha sucedido?

-Pues ya lo ves, un día te levantas y ves que ya no está contigo.

-Te compadezco, Andrés.

-Lo he visto crecer, Antonio, lo he cuidado, lo he mimado… y de pronto un día desaparece sin más.

-¡Qué injusta es la vida! Si es que no somos nada.

-Nada, no somos nada. Sigue leyendo

La plantita (relato breve dialogado)

la plantita

(marido y mujer cuidan de su jardín)

-¡Mira, Manuel! ¿Lo ves?

-¿Qué pasa?

-¿Ves ese brote que asoma entre la hierba?

-¿Qué es eso?

-No lo sé, pero es hermoso.

-¿Tú crees?

-¡Claro! ¿No ves cómo se intuyen los bellos colores de sus hojas y con qué brío pugna por descollar entre las briznas?

-A mí no me da buena espina. Seguro que es un hierbajo, arráncalo.

-¿Qué va a ser un hierbajo? ¡Tú sí que eres un hierbajo, Manuel!

-Arráncalo te digo, Mercedes. Podría infestar nuestro jardín.

-Y yo te digo que es hermoso.

-Pues si no se parece al resto, tendrá que ser una mala hierba, digo yo.

-¡Tu cabeza sí que está mala, mala de prejuicios! Sigue leyendo