Misterio en alta mar

Calavera

En las profundidades marinas del Caribe, una pareja de oceanógrafos bucea entre arrecifes de coral en busca de nuevas especies.

-¿Te has fijado qué hermosos son? Alguno debe tener miles de años –le dice Martha, la mujer, a su marido Damon a través de la radio subacuática.

-Sí, son increíbles. Fíjate qué tamaño tienen éstos de aquí. ¡Forman un auténtica colonia!

-Y qué colores tienen. Son realmente fabulosos. ¿A qué clase crees que pertenecerán?

-Deben ser del género Lophelia; son los únicos capaces de sobrevivir a una profundidad de más de 3.000 metros.

-Es asombroso cómo la vida se abre camino; apenas llega la luz solar aquí abajo. Damon, ¿no crees que…? ¿Damon? –Martha se sobresalta al perder de vista a su marido-. Damon, te he perdido. ¿Dónde estás? Sigue leyendo

Anuncios

Alicia hipnotizada

Calavera

Inglaterra, 1946

Condado de Sussex

 

En una consulta psiquiátrica, el doctor Morris realiza una sesión de hipnotismo a un paciente, Martin Lockwood, un hombre maduro de ademanes autoritarios.

Martin se halla tumbado en un canapé con los ojos cerrados.

-Bien, señor Lockwood –le dice el doctor, sentado a su lado sobre una silla de esparto-. Ahora sus músculos se hallan completamente relajados y su mente libre de temores, libre de recuerdos. Siéntalos usted… Siéntalos cómo resbalan por su piel y su cuerpo se vacía de ellos. Es usted un hombre nuevo ahora, con una vida nueva por delante. ¿Es capaz de sentirlo?

-Sí, sí.

-Muy bien. Cuando cuente hasta 3 quiero que se imagine a ese hombre nuevo. ¿Ha entendido, señor Lockwood?

-Sí, doctor; creo que sí.

-Concéntrese entonces e imagine: 1… 2… 3. Dígame, Martin: ¿se ve a sí mismo?

-Sí, sí; me veo a mí mismo.

-¿Dónde está? ¿Qué es lo que hace?

-Estoy en mi casa, en mi mansión. Voy atravesando galerías y abriendo una puerta tras otra.

-Eso significa que está usted dispuesto a emprender una nueva vida y dejar atrás el dolor de su pasado. Siga adelante, Lockwood. ¿Qué más ve? Sigue leyendo

El hombre tras las fotografías

Calavera

Bruce y Miranda Smith, una pareja de mediana edad, contemplan su álbum de fotografías en el sofá de su salón.

-Éstas de aquí son de nuestro viaje a Berna –indica el hombre a su mujer señalando un grupo de instantáneas.

-¿Te acuerdas de este día, Bruce? –continúa Miranda sin apartar su mirada del álbum-. No había forma de que te pusieras los esquís.

-¡Jaja, qué graciosa! ¡Mírate tú en ésta! Te quedaste dormida en la terraza del restaurante y cuando volví por ti tenías la nariz como una zanahoria.

-Fue un gran viaje, ¿verdad?

-¡Y que lo digas! ¿Te acuerdas de la cama del hotel cómo chirriaba?

-¡Oh, Bruce, cómo eres! Yo me acuerdo más de los paisajes nevados y del sol de las montañas.

-Como quieras…

Miranda pasa las páginas del álbum.

-¡Mira! Aquí estás tú haciendo ganchillo –dice sin poder ocultar una sonrisa.

-Ése no soy yo.

-¡Claro que eres tú, Bruce! Querías sorprenderme con un jersey de lana que después tuviste que convertir en bufanda porque no te llegaba el tejido para hacerme las mangas.

-El propósito era que no pasases frío y lo conseguí.

-Ya, claro. Tú siempre tienes un pretexto para quedar bien.

-Mira, éstas otras son del día de nuestra boda –continúa Bruce señalando otras fotografías.

-No me digas…

-Mira cuánto pelo tengo ahí. ¿Cuánto tiempo ha pasado ya?

-¿Cómo que cuánto tiempo ha pasado? ¿Es que no lo recuerdas?

-¡Claro que lo recuerdo! Era sólo una broma.

-Cuatro años, Bruce, han pasado cuatro largos años.

-Los mejores cuatro años de mi vida.

-¡Oh, cállate de una vez! Además han sido cinco; he dicho cuatro para ver si de verdad sabías cuánto tiempo había pasado desde el día que nos casamos.

-Ya lo sabía.

-Sí, claro…

-¿Quieres que abra otra botella?

-Como quieras.

Bruce se levanta y se dirige al mueble bar mientras Miranda continúa pasando las páginas del álbum.

-Cariño…

-¿Sí? -responde Bruce tras descorchar el vino.

-¿Te… te habías fijado en este hombre de aquí?

-¿Qué hombre?

-Éste que aparece en las fotografías y que no deja de mirarme. Sigue leyendo

La función de títeres

Calavera

En una escuela de Seattle, una joven aguarda frente a la puerta de un despacho.

La puerta se abre y asoma el director. La mujer se pone en pie.

-Señorita…

-Monica Peyton.

-Es verdad, es verdad… Disculpe, hoy tengo mucho trajín.

-No se preocupe.

-Pase, por favor.

-Gracias, es usted muy amable, señor Huges.

Monica Peyton pasa al interior del despacho y se sienta frente a la mesa del director.

-Veamos, así que hoy es su primer día, ¿verdad? -la interroga Huges en tanto revuelve entre un cúmulo de documentos.

-Así es.

-Y será usted la nueva profesora de primaria, ¿cierto?

-Para eso me han contratado.

-¿De dónde es usted, señorita Peyton?

-De un pequeño pueblo de Missouri.

-¿De verdad? No se preocupe, pronto se adaptará a la gran ciudad.

El señor Huges halla al fin el contrato de la joven.

-¡Ah, aquí está! Ahora mismo le enseñaré su aula, señorita Peyton. Pero antes de todo eso, déjeme plantearle una cuestión:

-¿De qué se trata?

-Oh, no se preocupe; el puesto ya es suyo.

-Gracias, muchas gracias, señor Huges.

-Verá, la señora Holland, a quien usted sustituirá, estaba a cargo del espectáculo de guiñoles de la escuela. ¿Se lo habían comentado ya?

-Pues no, no me habían dicho nada…

-¿Tiene algún inconveniente en ponerse al cargo?

-La verdad es que no. Como puede comprobar en mi currículum tengo cierta experiencia en el mundo de la interpretación.

-¿Le gusta improvisar?

-Sí, por supuesto que sí. Y aunque no me gustase, el hecho de ser maestra a cargo de una jauría de críos te obliga a improvisar a menudo –dice Monica esbozando una agradable sonrisa.

-Bien, entonces no tendrá ningún problema en caso de que surjan imprevistos.

-Esperemos que no surja ninguno.

-¿Podría empezar hoy mismo con el guiñol?

-Sin ningún problema.

-Pues por mi parte no hay ningún inconveniente en que firme usted el contrato.

El director tiende a Monica el documento, quien firma encantada.

-Señorita Peyton, felicidades. Desde este momento es usted la nueva profesora de primaria de la escuela metodista del distrito de Fremont.

-¡Oh, gracias! Muchas gracias, señor Huges.

Ambos se levantan y se estrechan la mano.

-La señorita Elovitch, mi secretaria, la acompañará hasta su aula.

-Gracias, gracias de nuevo, señor Huges.

-Es un placer tenerla aquí, Monica.

Continúa leyendo “La función de títeres” en Wattpad! wattpad

El misterio de las cuevas

Calavera

Jim, un guía turístico, se descuelga por una cuerda hacia el interior de una cueva.

-Ya está, ya he tocado suelo firme. Ahora id bajando vosotros -ordena a su grupo, que aguarda en el exterior.

Uno a uno, sus componentes van deslizándose por la cuerda: Wally, un afamado dentista; su mujer, Candice; su amigo Jonathan, y Benjamin, el hijo adolescente de la pareja.

-¡Oh, qué oscuro está esto! –dice Candice.

-Es lo que tienen las cuevas –responde Jim-. Con cuidado; eso es, con cuidado.

El guía ayuda a descender a los visitantes.

-¡Vaya, es fantástico! -dice Wally al admirar la grandiosidad de la caverna, que se ilumina gracias a los focos que portan los cascos de cada uno.

-¿Verdad que sí?

-¿De cuándo datan estas cuevas?

-Las que hemos visitado hasta ahora tienen cientos de miles de años, más de 200.000 alguna de ellas; pero ésta en particular se cree que es la más antigua de todas.

-¿En serio, Jim?

-Sí, aunque aún hay cavidades sin explorar y es pronto para determinar sus orígenes. Por eso su acceso está prohibido al público.

-¿Por qué? ¿Es que temen que haya algún monstruo prehistórico habitando en sus profundidades?

Jim ríe gustosamente.

-No, claro que no; es sólo como medida de precaución.

-Entiendo; gracias por saltarte las normas, Jim.

-De nada, Wally; sólo espero que la próxima vez que vaya a tu consulta no me cobres los empastes.

-Eso dalo por descontado.

El grupo recoge los arneses y avanza por una oscura gruta.

-¡Sí que está oscuro! -dice Candice.

-Habrá menos luz según descendamos; pero tranquilos, nuestros ojos se habituarán.

-¿Y dónde están exactamente esas pinturas de las que nos has hablado, Jim?

-Pronto lo veréis.

Tras un fatigoso caminar, la expedición llega a una espaciosa sala, cuyas paredes están orladas con pinturas rupestres.

-¡Es… es fascinante! ¿Quién… quiénes hicieron estas pinturas? -pregunta Candice sin dejar de admirar los extraños esbozos que cubren las rocas.

-Aún no sabemos si fueron los hombres de Neandertal u otra especie del género Homo anterior.

-¿Anterior?

-Ya os he dicho que estas cuevas tienen cientos de miles de años de antigüedad.

-Pero, ¿estamos hablando de seres humanos?

(Continúa leyendo “El misterio de las cuevas” en Wattpad wattpad)

Daphne la sonámbula

pubertad

Una agradable familia llega a una apartada mansión a las afueras de una villa.

Will, el padre, pasa al interior y contempla el lugar mientras el resto permanece en el umbral.

-Cerrad, cerrad los ojos –indica a sus familiares.

-¡Qué emoción, Will! –pronuncia Eleonor, la mujer.

-¿Los podemos abrir ya, papá? –preguntan Daphne y Lily, las hijas.

-Pasad primero.

Con los ojos cerrados, la mujer y las dos hijas cruzan el umbral.

-Muy bien; ya los podéis abrir –les señala el padre.

-¡Oh, es increíble, papá! ¡Qué grande es! –dice Lily, la hermana menor, que contempla admirada los altos techos de la mansión.

-¿No es maravilloso?

-Oh, Will, es fantástico –felicita Eleonor a su marido.

-¿No os lo dije?

-Mirad qué escalera… –dice Lily, asombrada de la suntuosidad de su nueva casa.

-¿Y los dormitorios? –pregunta Daphne más comedida.

-En el piso superior.

-¡Me pido la cama de arriba! –exclama Lily, que echa a correr entusiasmada hacia la gran escalera del salón.

–¡Eso ni hablar, Lily! –repone Daphne, quien corre tras su hermana peldaños arriba.

-Fue un acierto comprar esta casa –reconoce Eleonor a su marido una vez que se han quedado a solas en el recibidor.

-Un acierto y una ganga.

-Aquí vamos a estar muy bien, ¿verdad, Will?

-Te aseguro que sí…

(continúa leyendo “Daphne la sonámbula” en Wattpad” wattpad)

Mi hermano Timothy

Calavera

En una consulta médica, el doctor Prescott, pediatra, examina el vientre de una mujer en un monitor.

-¿Va todo bien, doctor? –pregunta Verónica Winston, la mujer.

-No hay anomalía de ningún tipo. El niño se encuentra perfectamente.

-¿De verdad? ¿De verdad no me engaña?

-¿Y por qué iba a engañarla? Señora Winston, permítame asegurarle que va usted a tener un hijo muy fuerte y saludable.

-Señorita Winston.

-¡Oh, disculpe! Señorita Winston.

-No sabe qué alegría me da usted, doctor Prescott.

-Me alegro. Ahora cálmese y relájese, no tiene de qué preocuparse. No habrá ningún inconveniente, al menos hasta el parto. Sigue leyendo

Ezra y su cometa

Calavera

Ezra, un niño frágil y taciturno de unos nueve años, salió de su casa y a la carrera cruzó su jardín mientras volaba una cometa.

-No vengas muy tarde, Ezra -se oyó una voz decir desde el interior de la vivienda.

-Descuida, tía.

Ezra atravesó el jardín contiguo al suyo y llamó a la puerta de sus vecinos.

Enseguida le abrió una mujer.

-¿Están Josh y Moulin en casa? –preguntó tímidamente el niño.

-Sí, ahora mismo les digo que bajen. ¡Josh! ¡Moulin! Venid abajo. Vuestro amigo Ezra está esperándoos en la puerta. Sigue leyendo

La Tía Úrsula

Calavera

En una consulta médica, un doctor y su paciente conversan interesadamente:

-Uno existe en sí mismo y en los sueños de los demás. Uno es uno y múltiple, lleva varias vidas, ¿comprende?

-No muy bien, doctor Sessemann.

-Como usted acaba de decir, yo soy doctor, doctor especialista en la rama del sueño. Sin embargo, en un sueño de usted podría convertirme en cualquier otro personaje, aunque seguiría siendo yo mismo.

-¿Por ejemplo?

-En un sueño de usted, usted mismo podría convertirme en marinero, o en centurión romano, o en corredor de fondo. Por eso hay días en los que despertamos con una sensación de cansancio abrumadora.

-¿Porque alguien soñó que nosotros éramos corredores de fondo? ¡Qué tontería!

-¿No me cree?

-¿Y qué ocurriría si alguien soñase con que hemos muerto? ¿Nos moriríamos? Sigue leyendo